
Webnovel original en japonés por: 日向夏 (Natsu Hyūga)
Los diarios de la boticaria
Volumen 3
Jinshi pensó que la historia de Loulan se refería a los sucesos ocurridos durante el reinado del Emperador anterior: un hombre inepto que gobernaba bajo los hilos de su madre como un títere. No le ofendió que ella se refiriera abiertamente al difunto Emperador como un necio, pues era plenamente consciente de que tal afirmación no faltaba a la verdad.
Jamás había temido al hombre al que llamaba padre, pero sí a la mujer que se ocultaba tras su sombra. Viejos recuerdos afloraron en su mente. No lograba evocar con nitidez el final de la mujer a la que llamaban Emperatriz; solo recordaba que el anterior Emperador falleció poco después, siguiendo sus pasos hacia la tumba.
Impaciente ante un hijo que no mostraba inclinación alguna por las mujeres, la Emperatriz enviaba una belleza tras otra al palacio interior. En cierto momento, ordenó al cabecilla de un clan del norte que le entregara a su hija, bajo el pretexto oficial de elevarla al rango de Consorte Superior.
—¿De qué estás hablando, Loulan...? —inquirió su madre, Shenmei, turbada ante el relato incomprensible de su hija. Aquello difería ligeramente de la historia que ella creía conocer.
—¿Es la primera vez que lo oye, Madre? —Loulan soltó una risa contenida, ocultando sus labios tras la manga—. Pero si el abuelo lo murmuraba como una maldición en su lecho de enfermo. Sabe por qué el palacio interior creció tanto, ¿no? —preguntó Loulan, clavando su mirada en Jinshi.
—Oí que tu padre engatusó a la Emperatriz —respondió él.
Tomar a la hija de un alto dignatario como rehén bajo el nombramiento de consorte no era un hecho inusual en los anales de la historia. Esa era la opinión imperante en la corte. El hombre llamado Shishou se había ganado el favor de la Emperatriz, conocida por su temperamento difícil. Originalmente, él pertenecía a una rama secundaria del Clan Shi, pero gracias a su agudeza fue adoptado por la casa principal, que carecía de heredero, recibiendo entonces el nombre de Shishou. Aquella casa principal era la de Shenmei. En otras palabras, Shishou y Shenmei estaban prometidos antes de que ella fuera entregada al palacio interior.
—En efecto. Al parecer, propuso la ampliación del palacio interior como un ambicioso proyecto de obras públicas. Un negocio destinado a reemplazar el comercio de esclavos.
Jinshi abrió los ojos ante la revelación. Shenmei, por su parte, los abrió de igual modo, aunque sin alcanzar a comprender la magnitud de lo dicho. Shisui se mantuvo inexpresiva. Jinshi pensó que era una forma astuta de plantearlo. Cada vez que se sugería reducir las dimensiones del palacio interior, se desviaba el debate con aquel argumento. Loulan le sonrió a Jinshi y luego se dirigió a Shenmei.
—Parece que realmente lo ignora todo, Madre. Ni lo que hizo el abuelo para atraer la atención de la Emperatriz, ni que fingió entregar a su propia hija al palacio interior para que fuera vigilada de cerca.
En aquel periodo, la esclavitud era una institución vigente y existían siervos oficiales en la corte. Sin embargo, Loulan hablaba de un tráfico de esclavos ilegal. El trato dispensado a los siervos en Li era similar al de las cortesanas en los burdeles: si trabajaban lo suficiente para amortizar su precio de compra o al expirar su contrato, podían pasar de plebeyos a ciudadanos libres. No obstante, tal práctica se circunscribía al interior del país; la exportación de esclavos al extranjero estaba terminantemente prohibida.
El tráfico de seres humanos debía de ser una fuente inmensa de riqueza, pues siempre había quienes burlaban la prohibición. En particular, se decía que en aquel entonces las doncellas jóvenes alcanzaban precios exorbitantes.
El Clan Shi, con su hija tomada como rehén, se vio forzado a reducir sus operaciones esclavistas. Aun así, para frenar la constante pérdida de beneficios, recurrieron al palacio interior. No solo congregaban a mujeres jóvenes, sino también a varones, a quienes no era extraño castrar antes de venderlos como mercancía.
Propusieron el palacio interior como un refugio donde reunir y proteger temporalmente a las jóvenes que, de otro modo, serían vendidas en tierras lejanas. Aquello sintonizaba con los deseos de la Emperatriz. Parecía una estrategia de mutuo beneficio: para ella, como gobernante que ejercía el mando y, simultáneamente, como madre preocupada por la procreación de su hijo.
Dado que los padres que vendían a sus hijas cargaban con la culpa, si estas podían servir como damas de la corte en lugar de ser vendidas como esclavas, optaban por lo primero. Si se les instruía en algún oficio o recibían educación durante sus dos años de servicio, se mitigaba el riesgo de que cayeran en la servidumbre posteriormente. Ante todo, el simple hecho de haber servido en el palacio interior se consideraba un honor.
—Por supuesto, las intenciones de la Emperatriz no eran las únicas, ni tampoco los planes del abuelo. Su fin era restaurar la credibilidad del clan Shi ganándose la confianza de la Emperatriz y, si eso fallaba... (NT: Loulan se refiere a que el clan Shi siempre tuvo un plan de contingencia. Si no lograban controlar la corte a través de la política y el palacio interior, utilizarían la fortaleza, las armas de fuego y la rebelión como último recurso para sobrevivir o tomar el poder por la fuerza. Básicamente, lo que está ocurriendo ahora.) Usted también tuvo sus problemas, ¿verdad, Madre? Debería haber huido desde el principio si este iba a ser su final. Especialmente después de que el abuelo le brindara la oportunidad. ¿Acaso no pudo confiar en un hombre que estaba dispuesto a renunciar a su estatus solo para escapar con usted? (NT: Se refiere a Shishou. Antes de que Shenmei fuera enviada al palacio interior, él estaba dispuesto a abandonar su nombre y su rango para huir con ella y vivir como plebeyos. Sin embargo, Shenmei, movida por el orgullo, la ambición o el miedo, decidió entrar en el palacio para convertirse en consorte, lo que inició toda la cadena de tragedias.)
«¿Se referirá al pasadizo secreto por el que ella misma escapó del palacio interior?», pensó Jinshi, aún ajeno a todo el escabroso entramado. El rostro de Shenmei se ensombreció. Miró a su hija con profundas arrugas surcándole el semblante. Quien tembló ante esa expresión no fue Loulan, sino Shisui. Al percatarse, Shenmei dirigió su mirada a Shisui con un profundo asco, como si contemplara inmundicia.
—Loulan, tú... ¡No se podía confiar en ese hombre! ¡Un hombre que sucedió a tu abuelo inmediatamente después de que cayera enfermo y luego se casó con la madre de esta ramera!
Shisui miró a Shenmei, aún temblando. Loulan se acercó a su hermanastra riendo suavemente. Le tomó la mano y rozó el cuello de su vestidura. Extrajo un objeto que pendía de un cordón en su cuello. Era un adorno de plata similar al alfiler que poseía Jinshi. Mientras que el de Jinshi portaba la efigie de un Qilin, el de Shisui tenía forma de pájaro. Quienes lo conocieran sabrían que era un Fénix. Al igual que el Qilin, solo a unos pocos elegidos les estaba permitido lucir un Fénix. (NT: En la jerarquía imperial, el Qilin es el símbolo del Hermano del Emperador, mientras que el Fénix identifica a las mujeres de sangre imperial, como las consortes de alto rango o las princesas. Al revelar que tiene un Fénix, Loulan confirma que Shisui se sitúa por encima de Shenmei en linaje.)
—El Emperador anterior parecía sentir el peso de la culpa. Le inquietaba el bebé que había expulsado del palacio interior y, al parecer, Padre la visitaba a menudo en secreto. Aunque al principio lo negó, parecía comprender que era su propia hija.
Se decía que Shishou había ocultado discretamente al médico y al bebé que habían sido expulsados. Cuando el bebé creció y alcanzó la edad adecuada, Shishou asumió la jefatura del clan.
Ese mismo Shishou, que gozaba de la absoluta confianza de la Emperatriz y era diligente con sus asuntos, debió de ser el yerno ideal para el Emperador anterior. Cuando el soberano le suplicó que cumpliera cualquier deseo, ¿cómo iba a negarse? El anterior jefe del clan, señalado por la Emperatriz, estaba postrado en cama, y el liderazgo del Clan Shi pasó a Shishou, en quien confiaban plenamente. Ya no existía tal necesidad de mantener a Shenmei como rehén.
Y la máxima autoridad para decidir el destino de las flores del palacio interior era el Emperador. Shishou se casó con su hija, tuvo una hija con ella, y le dio a esa niña el nombre de Shisui. Satisfecho, el Emperador anterior finalmente le concedió a Shishou su flor del palacio interior: Shenmei.
—Así es como te concedieron, Madre.
El Emperador anterior era un hombre necio. Ni siquiera se había percatado del impacto que esto tendría en su propia descendencia. Poco después, la madre de Shisui murió de enfermedad, y Shisui fue acogida por el exmédico del palacio interior. Para entonces, el Emperador anterior estaba postrado en cama y no pronunció palabra alguna hasta que falleció, más de diez años después. Shisui solo recibió el nombre y un único adorno de plata, nada más. Jamás se supo que era nieta del Emperador anterior. Es más, tras el nacimiento de Loulan, ella fue tratada meramente como la hija de una concubina.
—¡Es mentira! ¡No digas insensateces!
Shenmei retrocedió ante la realidad que se le presentaba. Para Shisui también debió de ser impactante, mas no mostró gran turbación. Solo miraba a Shenmei con ansiedad. Quizá ya lo sospechaba.
—¡¿Insensateces?! Padre siempre actuó por usted, Madre. Y lo hizo para un final que solo podía terminar en la ruina del clan. Tampoco comprende qué hace el señor Jinshi aquí, ¿verdad?
Loulan se aproximó a su madre riendo. La miró con desdén, y luego desvió su mirada hacia Jinshi.
—¿Puede contarle cómo fue el final de nuestro Padre?
—Él... murió riendo.
En aquel instante, Jinshi no alcanzó a comprender el significado de esa risa. No había captado en absoluto las intenciones de Shishou. Sin embargo, haber escuchado el relato de Loulan le otorgaba una perspectiva diferente. Incluso pensó que tal vez habían malinterpretado la rebelión del clan Shi desde el principio. (NT: La rebelión de Shishou no fue un intento de tomar el poder por ambición, sino un suicidio asistido del clan. Shishou sabía que el Clan Shi estaba podrido por culpa de Shenmei y quienes la rodeaban. Al rebelarse de forma tan obvia, forzó al Ejército Imperial a intervenir y exterminar la corrupción que él no podía limpiar por sí mismo, protegiendo al final la transición social que él mismo ayudó a crear. Por tanto, Shishou murió riendo porque su plan tuvo éxito: Jinshi llegó hasta el corazón de la fortaleza, demostrando que el Ejército Imperial era fuerte y que el clan Shi sería exterminado.)
—Ese hombre... solo ansiaba el poder. Seguramente se casó conmigo solo para presumir de su posición como jefe del clan —dijo Shenmei, mientras su rostro se retorcía de animosidad.
—Pero, al final, ¿no era usted, Madre, la que tenía más poder que Padre dentro del clan? —dijo Loulan, cuyo rostro, en contraste, se había relajado—. ¿Sabía usted quiénes eran esos miembros del clan que tanto la halagaban?
Los insensatos que cometían sobornos y malversación se congraciaban con Shenmei. Mientras consiguieran agradarle a ella, Shishou no decía nada. Después de todo, era un hombre que había sido adoptado. Su poder dentro del clan no era tan grande en comparación con su influencia en la corte.
Shenmei expulsaba del clan a aquellos que le hacían sugerencias amargas. Como consecuencia, la podredumbre se acumuló cada vez más. En ese punto, comenzó a manifestarse la distorsión perceptiva. (NT: Se refiere a cómo el clan y la corte percibían las acciones de Shishou. Lo que todos veían como malversación para enriquecer al clan era en realidad Shishou moviendo fondos para financiar el sistema del palacio interior, que servía como una red de seguridad social para las mujeres que antes habrían sido vendidas como esclavas. La distorsión es que Shishou permitía que pareciera corrupción para que Shenmei y los suyos estuvieran satisfechos, mientras él cumplía un propósito mayor.) ¿Cuál era la verdadera intención tras la ampliación del palacio interior y la malversación del tesoro nacional?
Loulan sonrió a Jinshi. Se dio cuenta de que había entendido adónde quería llegar ella.
La esclavitud fue abolida bajo el mandato del Emperador actual. Aunque todavía persistía bajo la superficie, el hecho de que se hubiera llevado a cabo de manera relativamente fluida se debía en parte al proyecto del palacio interior que Shishou y la Emperatriz habían estado ejecutando. Jinshi también había estado buscando un proyecto alternativo al reducir el personal del palacio interior. En ese aspecto, también había sido obstruido por cuestiones relacionadas con el clan Shi. (Jinshi quería reducir el palacio interior por razones éticas y económicas. Sin embargo, el clan Shi lo obstruía porque, si el palacio interior desaparecía, el negocio de protección que habían montado (y que evitaba el regreso de la esclavitud masiva) se derrumbaría. Shishou usaba la influencia del clan para mantener el palacio abierto no por vicio, sino para mantener la estabilidad social que el fin de la esclavitud había puesto en riesgo.)
—Llamaban a Padre «viejo mapache»... Mapache, precisamente... El mapache es, en realidad, una criatura asustadiza. Se esfuerza en engañar a los demás porque sabe que, en el fondo, es débil y pequeño. ¿Consiguió Padre interpretar bien el papel de villano?
La palabra «engañar» dotó de sentido a todo el conjunto. Aquel era el significado de la risa de Shishou en el borde de la muerte. Loulan esbozó una sonrisa fugaz. Con esa única sentencia, Jinshi pudo al fin comprender el propósito último de ese hombre. Apretó los puños con tal fuerza que las uñas se le clavaron en las palmas y le brotó sangre.
—¿Tienes pruebas de que eso sea cierto?
—Con pruebas o sin ellas, creerlo o no depende de usted.
—¿Acaso tenía la certeza de que su plan funcionaría?
—Si no hubiera funcionado, simplemente habríamos tomado las riendas del país. (NT: Loulan es arrogante y honesta. Dice que si el Ejército Imperial hubiera sido tan débil como para no poder aplastar una rebelión dirigida por necios, entonces el país no merecía seguir existiendo. Era una prueba de fuego.) Si una nación puede colapsar por un envite así, es mejor que deje de existir —sentenció Loulan con un tono que vibraba como un desafío.
—¡¿Y tú... has estado haciendo eso todo el tiempo?! —bramó Shenmei, , cuya voz temblaba por la furia—. ¡¿Te has estado burlando de mí con ese hombre?!
—¿Burlando? Yo solo cumplí sus órdenes, Madre. ¿No anhelaba que este país fuera reducido a cenizas? Expulsó a los miembros del clan que le llevaban la contraria y se rodeó solo de los tontos que se rendían ante sus halagos. ¿Creía de veras que una estirpe tan inepta podría tener la fuerza para doblegar al Ejército Imperial?
Shenmei entornó los ojos ante las frías palabras de su hija y, en un arrebato de rabia, se abalanzó sobre ella. El protector de su uña rozó la mejilla de Loulan, dejando tras de sí dos surcos escarlatas. Acto seguido, arrebató el arma de fuego del cinturón de su hija.
—¿No fabricamos esto para ocasiones como esta?
—Eso le queda grande, Madre. Devuélvamelo.
—¡¡¡Cállate!!!
El nuevo modelo de arma de fuego tenía un gatillo para el dedo. Ella lo apretó.
Jinshi se agachó por instinto. Algo salpicó el aire acompañado de un estruendo que le desgarró los oídos.
—Le aseguré a Padre que asumiría la responsabilidad, pero parece que me resulta imposible. El nuevo modelo tiene una estructura complicada. Y ese era un prototipo.
El rostro de Loulan estaba salpicado de sangre. Delante de ella estaba Shenmei, teñida de rojo. El arma de fuego le había estallado en la mano, o en lo que apenas restaba de ella. Desde el comienzo, solo la había conservado para amedrentar a Jinshi. Sin duda, Loulan la había cargado de forma incorrecta deliberadamente.
—Señor Jinshi, ¿nunca se le ocurrió arrebatármela? Podría haberlo hecho en cualquier momento que me descuidé.
—Quería escuchar lo que pretendías comunicarme.
—¡Ja, ja, ja! Qué fortuna que no fuera solo un bobo con una cara bonita —se jactó Loulan con un tono carente de todo respeto.
Despojó a la ensangrentada Shenmei del arma y la arrojó lejos. Con parsimonia, recostó a su madre y apretó su mano trémula.
—Padre ha muerto. Derrama al menos una lágrima, majadera engreída.
—...
Shenmei no articuló palabra; le era imposible. Había recibido esquirlas de metal por todo el rostro a causa de la explosión. Aquellas facciones que debían ser hermosas resultaban ahora irreconocibles, cubiertas de sangre y pólvora. Shisui contemplaba la escena, estremeciéndose.
—¿No había otra forma? —le preguntó Jinshi a Loulan mientras se levantaba.
—Puede que sí. Pero nunca llueve a gusto de todos. No soy tan lista como para urdir un plan mejor.
Shenmei solo sentía odio. Quería destruir el país que la había humillado. Shishou, en cambio, siempre había obrado por ella. Incluso si sus actos resultaban contraproducentes, solo pensaba en su bienestar. Al mismo tiempo, era un súbdito leal incapaz de abandonar su patria; tanto era así, que interpretó el papel de villano durante décadas para salvarla de sí misma. Se ignoraba qué cruzaba la mente de Shisui. ¿Sería un espejismo, o acaso parecía aliviada al ver a Shenmei, moribunda, reflejada en sus ojos vacuos? Y finalmente, en cuanto a Loulan...
—Sé que es osadía pedirlo, pero, ¿podría concederme dos últimos deseos?
—¿Qué quieres?
—Gracias.
Loulan hizo una profunda reverencia, consciente de que lo más probable era que su petición fuera denegada. Acto seguido, extrajo un papel de su bolsillo y se lo entregó a Jinshi. Él lo leyó. Lo que allí aparecía escrito le resultó del todo inesperado.
—¡...!
—No es más que una teoría, pero confío en que le sea de utilidad. Es probable que acontezca en los próximos años.
Loulan acarició a su madre. El aliento de Shenmei estaba a punto de cesar.
—Las personas con un juicio sensato en el clan ya han renunciado a su linaje. Mi hermana es una de ellas. ¿Podría ignorar a esas personas, considerando que ya murieron en su día?
—Haré cuanto esté en mi mano...
—Entonces, dejará ir a aquellos que han muerto una vez, ¿verdad? —añadió Loulan, para confirmar su promesa.
Dada su vinculación con el anterior Emperador, a Shisui no podían infligirle daño sin más. Loulan se inclinó una vez más y tomó la mano de Shenmei. El protector de uñas retorcido se aferraba a un dedo deforme; la joven se lo colocó en su propio dedo. En ese instante, Jinshi percibió una presencia. Sin duda, habían descubierto el pasadizo. ¿Se habría percatado Loulan?
—Y ahora, mi otro deseo.
La mano de Loulan se extendió hacia Jinshi, armada con aquellas largas garras decorativas. Parecía moverse con lentitud. Él podría haberla esquivado, mas no se inmutó y, sencillamente, lo aceptó.
La punta del protector de uñas deformado se hundió en la mejilla de Jinshi, desgarrando la piel y el músculo. La sangre salpicada alcanzó el ojo de la joven. Jinshi contempló a Loulan con un ojo entornado.
—Gracias. ¿Cree que sería una actriz mejor que Padre? Esto es lo máximo que puedo hacer por usted, Madre.
Loulan miró a Shenmei con un tono juguetón. Esbozó una sonrisa y, en ese momento, la puerta se abrió de par en par. En el angosto pasillo, tal como se esperaba, irrumpieron Bashin y sus hombres, que habían permanecido al acecho. Loulan, al verlos, alzó en alto la uña que lucía en su dedo. Incluso bajo la tenue luz, resultaba evidente la sangre adherida. Y tras ella aguardaba Jinshi, con el rostro marcado por la herida.
—¡Mua, ja, ja, ja, ja, ja!
Loulan estalló en una carcajada demencial que resonó en el estrecho pasadizo. Las expresiones de Bashin y sus hombres se transmutaron en pura ira. (NT: Loulan ataca a Jinshi para convertirse en la villana oficial ante los ojos de los soldados, por eso pregunta si es mejor actriz que su padre. Al herir al Hermano Imperial frente a testigos, se asegura de que nadie tenga piedad con ella ni con su madre, cerrando el caso del clan Shi con su propia muerte y protegiendo así a Shisui, que será salvada por poseer el pasador de Fénix, y a los miembros que huyeron.) Ya no restaba luz en las pupilas de Shenmei. Shisui extendió su mano trémula, pero no alcanzó a tocar a Loulan. Jinshi solo pudo ser testigo de su destino hasta el amargo final, mientras asía con firmeza el documento que ella le había entregado.
Sentía su cuerpo terriblemente pesado, como si el cansancio acumulado durante las últimas jornadas se hubiera desplomado sobre él de un solo golpe.
Nada más abandonar la fortaleza, se reunió con la unidad de retaguardia, donde un médico se encargó de suturarle la mejilla. Jinshi no alcanzaba a comprender por qué todos a su alrededor hacían muecas de dolor, si era él quien estaba recibiendo los puntos. Gaoshun, que finalmente se había incorporado a la expedición, le instó a que buscara reposo de inmediato. Como su señor se hallaba ahora bajo la protección de la retaguardia, Gaoshun había permanecido allí para coordinar el campamento y los suministros, esperando su regreso. (NT: Como alto oficial y asistente principal del Hermano Imperial, Gaoshun no estuvo en el asalto directo a la fortaleza, sino que se quedó en la unidad de retaguardia para organizar la logística y recibir a los heridos. Como Jinshi terminó su misión y regresó a esa zona segura, Gaoshun estaba allí, naturalmente, esperándole.) Fue entonces cuando Jinshi reparó en que no había conciliado un sueño reparador en varios días.
—¿Qué pasó con la chica?
—Se encuentra a salvo. Por favor, descanse.
Jinshi caviló sobre si su semblante reflejaba tal agotamiento como para que se le ordenara dormir de aquel modo, pero no sentía el menor deseo de cerrar los ojos. Impaciente ante la desobediencia de su señor, Gaoshun exhaló un suspiro y señaló con discreción hacia un carruaje situado en la parte posterior.
—Creo que es mejor que no se acerque demasiado.
Ignorando la advertencia, Jinshi se adentró en el vehículo y descubrió a una chica delgada, cubierta de hollín y con rastros de sangre reseca en diversas partes de su anatomía, tendida sobre un lecho de pieles. Su figura, acurrucada con la fragilidad de un recién nacido, parecía mucho más menuda de lo habitual. A su alrededor reposaban varios bultos envueltos en telas blancas.
—Son los cadáveres de los niños del Clan Shi.
—¡¿Por qué duerme junto a ellos?!
—Suplicó con mucha insistencia. No pudimos negarnos.
Aquella muchacha, Maomao, poseía una obstinación singular. «¿Acaso esconderá alguna intención que se me escapa?», se preguntó.
—Está en un estado lamentable.
—Usted también, Alteza.
Gaoshun observó a Jinshi con una expresión compungida. Le pesaba en el alma haber tenido que castigar físicamente a su hijo Bashin nada más encontrarse; la disciplina necesaria por haber permitido que hirieran a un miembro de sangre real a quien tenía el deber de custodiar.
—Yo me encuentro bien. Pese a todo, ha sido un acierto evitar que el Estratega me viera en estas condiciones.
Según le habían informado, Lakan se había empeñado en marchar al frente pese a las advertencias de sus subordinados, pero al intentar escabullirse para avanzar, la tensión le pasó factura y sufrió una lumbalgia aguda. Al parecer, había quedadoincapaz de dar un solo paso por su propio pie.
Jinshi subió al carruaje.
—Espera afuera.
Gaoshun asintió con parsimonia, permaneciendo al pie del estribo.
Jinshi se inclinó para observar el rostro de Maomao. Su piel, todavía irritada por el sarpullido, mostraba restos de sangre seca. En su oreja derecha se apreciaba una pequeña incisión triangular, ahora cubierta de una pomada. De no haberla involucrado en sus asuntos, Maomao quizá nunca habría tenido que padecer tales penurias. El mero pensamiento le oprimía el pecho.
A excepción de la oreja, no parecía presentar más lesiones en el rostro. Sin embargo, advirtió una marca cárdena en su cuello, una línea fina y persistente. «¿Será el rastro de una espada?», se cuestionó mientras extendía la mano con lentitud. Y entonces...
—¿Qué cree que está haciendo, señor Jinshi?
Maomao lo observaba con una mirada cargada de fastidio, como quien contempla a un molesto e inoportuno mosquito.
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