26/07/2026

Re:Monster - 672, 673, 674




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Novela original en japonés por: 金斬児狐 (Kanekiru Kogitsune)

Re:Monster


Traducción: Xeniaxen




Día 672


Mientras disfrutaba de la bebida, sin darme cuenta rompió el alba. Las luces de las farolas del entorno se apagaron y la luz del sol naciente, que ascendía lentamente, comenzaba a iluminarlo todo. A medida que pasaba el tiempo, la cantidad de puestos a mi alrededor había disminuido, pero justo ahora, a primera hora de la mañana, se veía a algunos vendedores ambulantes arrastrando sus puestos por aquí y por allá. Por lo visto, esos puestos están orientados a los exploradores que se dirigen a explorar [Teatro Itinerante de las Mil Artes – Pierrotpía Mimother] desde bien temprano. Abundan los platos fáciles de comer y parece que tienen una cantidad considerable de clientela.

Atraído al instante, me acerqué a uno de ellos. En ese puesto vendían una especie de hamburguesa que consistía en un pan con una gruesa pieza de carne, frutos rojos, verduras frescas y queso. Mientras charlaba de forma distendida con los exploradores tras habernos pasado la noche bebiendo, le di un bocad. El jugo de la carne estalló en un brote jugoso, creando un sabor en el que el pan, las verduras y el queso se armonizaban a la perfección. Mientras comía, repitiéndome lo delicioso que estaba, el grupo de exploradores formado solo por esa noche se disolvió de manera natural tras seguir conversando un rato.

Había de todo: quienes regresaban a la posada a dormir, quienes aprovechaban el subidón de energía para lanzarse a la exploración, o quienes, demasiado borrachos, se quedaban dormidos en una esquina de la plaza.

En mi caso, decidí dar un pequeño paseo antes de retomar la exploración. Aunque me encontraba en condiciones físicas idóneas para combatir de inmediato, al contemplar la fresca luz de la mañana me entraron ganas de pasear por la hermosa ciudad al amanecer.

El paseo que dio comienzo así fue una caminata errante y sin rumbo fijo, pero de pronto un callejón matutino me llamó la atención. Mientras avanzaba por un estrecho pasaje como los que hay en cualquier parte, dándole de comer a Chabomaru, percibí una presencia algo turbulenta flotando a cierta distancia.

Era un olor entremezclado entre la ira y el miedo. El desespero de alguien que huía desesperadamente —una mujer, a juzgar por el olor— resplandecía con un brillo azul, perseguida por una multitud de hombres que rezumaban una ferocidad rojinegra.

Dado que era un callejón algo laberíntico existía la posibilidad de no cruzarnos, pero el camino a mi espalda conectaba con una gran avenida. Así que no parecía que fuera a ser el caso.

A pesar de ser temprano por la mañana, la figura de la mujer, que huía desesperadamente hacia la gran avenida donde había tránsito de gente, se iba aproximando poco a poco desde el otro lado de la penumbra del callejón. Y justo tras sus talones se estrechaba la distancia un grupo encabezado por un hombre con cabeza de lobo y vestido con traje.

La mujer que huía tenía las orejas largas y, a juzgar por el olor a bosque que transmitía cierta nostalgia, probablemente se trataba de una elfa. Aunque a simple vista no sabría decir su edad, por la fuerza mágica que emanaba debía de ser relativamente joven. Mientras huía haciendo gala de una agilidad propia de los elfos, lanzaba proyectiles de piedra hacia atrás. Parecía estar empleando magia elemental de tierra y roca, fácil de encadenar aunque de baja potencia —si bien era lo bastante fuerte como para abollar una pared de piedra. Su puntería era precisa, como se espera de un elfo. A pesar de disparar hacia atrás en plena carrera, apuntaba con exactitud a los pies y puntos vitales de los hombres. A juzgar por el leve olor a sangre que flotaba, parecía haber derribado a unos cuantos con eso, pero la diferencia numérica era demasiado grande. Su situación seguía siendo críticamente peligrosa.

En el brazo derecho de la elfa, que huía con todas sus fuerzas, sostenía una maceta con sumo cuidado. En la maceta había una pequeña flor similar a una rosa, pero completamente transparente como el cristal. Solo las venas de sus pétalos brillaban con los colores del arcoíris. Aparte de su aspecto estrafalario, la presencia que emanaba no era la habitual. Claramente se trataba de algún tipo de objeto clave.

En cuanto a los hombres que la perseguían, rezumaban una clara aura del mundo del hampa. Llevaban cuchillos y garrotes en las manos, y aunque recibieran de lleno los proyectiles que ella les lanzaba, si continuaban la persecución de forma implacable podrían matar a la elfa. No obstante, por los rudos intercambios de palabras a viva voz, parecía que por alguna razón querían herirla pero no matarla, lo que se traducía en pura frustración. No dejaban de salir de sus bocas insultos y blasfemias insufribles.

Por lo visto, no solo la maceta, sino también la elfa desempeñaba un papel importante.

Quizás para atraparla con vida, sentí cómo otros miembros del grupo que no se encontraban allí se desplegaban envolviendo una amplia zona. Por esa razón, aunque la elfa lograra salir a la gran avenida, tarde o temprano sería capturada y secuestrada.

Al margen de las circunstancias que hubiera, tanto la elfa que huía como los hombres que la perseguían llegaron a una distancia desde la que podíamos reconocernos. La elfa me gritó a pleno pulmón: «¡Huye!». Se dirigió claramente a mí, que me encontraba justo enfrente, a pesar de estar ella misma en peligro. Por el contrario, los hombres vociferaban llenos de sed de sangre: «¡Matad a cualquier testigo!», desprendiendo un tufo a muerte incrustado.

Si tenía que ponerme del lado de alguno, la respuesta en esta situación era más que evidente.

A los aliados, favores. A los enemigos, muerte. Y a los enemigos que van hacia el fuego como polillas, gratitud por convertirse en mi carne y sangre.

Pasando de largo junto a la elfa, que parecía de buen fondo, mandé por los aires de un puñetazo a los hombres que se habían abalanzado hasta quedar muy cerca. Como también quería interrogarlos, contuve la fuerza para no matarlos al instante mientras les propinaba un puñetazo en el vientre. Si lo hubiera hecho en serio les habría reventado por completo, así que apliqué cierto esfuerzo en contenerme, pero aun así bastó con un solo golpe por persona.

Los hombres, tras recibir un impacto como si les hubiera explotado una bomba en el vientre, quedaron completamente fuera de combate con los ojos en blanco. Ahora bien, la elfa, que se detuvo a toda prisa a mi espalda ante tan dantesca escena, dejó escapar un ahogo instintivo.

Si hubiera continuado huyendo tal cual, podría haber sido capturada por los compañeros de esos hombres, por lo que estuvo bien que se detuviera, aunque me pareció haberle dado miedo. Sin embargo, como también percibí el olor del sentimiento de gratitud, me pareció que se podría hablar con ella.

«Qué guapa es», pensé mientras me daba la vuelta y la veía recuperar el aliento extenuada.

Tratándose de una elfa, su rostro de mujer era hermoso. Aunque tal vez quedara un poco por debajo de la mujer alta elfa con la que me topé en el Gran Bosque en el pasado.

Dejando a un lado esos pensamientos internos, le demostré con mis acciones que no era un enemigo. La elfa también pareció comprenderlo, pero esta vez me habló a toda prisa: comenzó con un agradecimiento, pasó a pedir disculpas y, tras darme una breve explicación de la situación, me insistió en que huyera cuanto antes.

Según sus palabras, tal y como sospechaba, los hombres eran miembros de una organización del hampa. Y la flor que la elfa llevaba en brazos era, por lo visto, la materia prima del polvo mágico que hace estallar la creatividad artística, el cual se ha estado distribuyendo últimamente en la ciudad de las artes y la cultura [El Theatro]. En resumen, era un cúmulo de problemas, un asunto en el que es mejor no involucrarse a menos que se esté preparado.




Día 673


Ayer y hoy no me dediqué a la exploración, sino a hacerle compañía a la elfa.

Por más que la hubiera salvado de esos maleantes, de habernos separado tal cual, tarde o temprano la habrían atrapado. Había demasiada diferencia numérica. Abandonarla a su suerte me habría dejado un mal sabor de boca, así que terminamos huyendo juntos, y nuestra ubicación actual es una habitación de un hotel de lujo. Al ser caro, la seguridad es muy buena, y como nos disfrazamos por el camino, nadie ha descubierto aún dónde nos encontramos.

Por eso, una vez que comprendió que este lugar era una zona segura y tras explicarme la situación, la elfa se ha quedado profundamente dormida en la cama. Parece que acumulaba un enorme agotamiento tanto físico como mental, pues lleva durmiendo un día entero, desde el mediodía de ayer hasta el de hoy.

Por mi parte, no he estado ocioso, ya que no solo he recopilado la información que me proporcionó ella, sino que también he interrogado a los hombres que capturé para extraerles datos. Tras terminar convirtiéndolos en mi comida, he ido organizando toda la abundante información obtenida durante este tiempo.

Resumiéndolo de forma concisa, la elfa estuvo retenida durante varios meses por la organización de esos hombres: la [Familia Guphendamon]. El objetivo era utilizarla como encargada del cultivo de la materia prima de la droga mágica ilegal [Creatitsuk], la cual circula últimamente de forma clandestina por la Ciudad de las Artes y la Cultura, [El Theatro]. La flor de la maceta que sirve como materia prima, la Rosa Caleidoscopio, es un tipo de planta mágica extremadamente difícil de cultivar. Al parecer, no solo depende del entorno donde crece, sino que se marchita al instante si el cultivador no es de su agrado. Incluso entre las razas con gran afinidad hacia las plantas, la flor muestra sus preferencias según el individuo, por lo que no sirve cualquiera. Quitando a la elfa, se ve que en la [Familia Guphendamon] solo hay otra persona capaz de cultivarla.

El haber sido capaz de cultivar dicha Rosa Caleidoscopio convirtió a la elfa en una persona sumamente importante para la [Familia Guphendamon]. Sin embargo, por lo visto la elfa pertenecía originalmente a un pueblo nómada y la pusieron en la mira por pura casualidad al pasar por allí. La secuestraron y la obligaron a cultivarla sin recibir ayuda alguna, por lo que se limitó a realizar el trabajo sin poder escapar, aunque lógicamente era algo que aborrecía. Por ello, aprovechó un descuido para darse a la fuga y terminó siendo salvada por mí.

Y a partir de aquí viene información que ni la propia elfa conocía: la [Familia Guphendamon] no es más que una organización subordinada. Este era un dato que solo conocía el hombre lobo que ejercía de líder, mientras que los demás solo se percibían a sí mismos como meros matones del hampa.

La organización superior que se mantiene en el economato oculto se llama [Parnassos Mutian], una de las principales sociedades comerciales de la escena pública que representa a la Ciudad de las Artes y la Cultura, [El Theatro]. Es una entidad de gran envergadura que ejerce de patrona apoyando a numerosos artistas arraigados en la ciudad desde hace muchos años, obteniendo beneficios con la compraventa de las obras de arte creadas. Además, organiza de forma periódica certámenes para descubrir a jóvenes talentos aún sin comercializar pero rebosantes de capacidad, e impulsa las tendencias de la ciudad.

Se diría que dedicándose únicamente a su actividad principal podrían amasar riqueza suficiente y mantener un estatus social elevado de forma honesta. Aunque me parece que entraña un gran riesgo que una entidad como [Parnassos Mutian] se moleste en dedicarse al negocio del hampa, es de suponer que tendrán algún objetivo.

En cuanto a eso, no queda más remedio que preguntárselo al cabeza de la [Familia Guphendamon] o sacárselo directamente al director de [Parnassos Mutian].

En cualquier caso, aunque todavía no he decidido qué hacer con [Parnassos Mutian], sí que es necesario aniquilar a la [Familia Guphendamon]. Incluso si la elfa huyera fuera de la ciudad, la probabilidad de que la persigan es alta. Además, si me deshago de ellos por completo evitaré males mayores en el futuro.



Así pues, caída la noche tras ponerse el sol, la elfa y yo acudimos a cierta zona de la ciudad. Se trata de la típica edificación de una organización clandestina, rodeada por inmuebles donde residen sus subordinados y con la residencia del jefe protegida por un alto muro. Un baluarte difícil de atacar y fácil de defender. A pesar de ser de noche, en aquel edificio con capacidad para albergar holgadamente a varias cientos de personas, los miembros se movían ajetreados mientras remolineaban emociones de todo tipo. Los subordinados de bajo rango buscaban desesperadamente el paradero de la elfa, mientras que los ejecutivos hacían lo imposible por no ganarse la ira del jefe de la organización, que estaba fuera de sí en una habitación del fondo de la mansión. Que se les hubiera escapado la elfa ya era un grave desacierto, pero que no estuviera localizada provocaba un enorme retraso en sus planes. A juzgar por el olor, se percibía que el jefe también recibía presiones de sus superiores. Abroncaba a sus subordinados con el rostro encendido.

Al margen de esas circunstancias, decidí terminar rápidamente con lo que tenía que hacer. Tras hacer esperar a la elfa en un lugar algo apartado, me infiltré en solitario. Durante la operación, eliminé a los miembros e instalé gólems de destrucción para preparar minuciosamente el terreno, asegurándome de no dejar ningún cabo suelto.

Y para cuando se hizo la medianoche, ya no quedaba nadie en el edificio.




Día 674


Por la mañana, en un pequeño pueblo alejado de la Ciudad de las Artes y la Cultura, [El Theatro], llegó el momento de despedirme de la elfa. La [Familia Guphendamon] ya había desaparecido y, por el momento, no quedaba nadie que la persiguiera. También obtuve la información oculta en la caja fuerte secreta y me cobré todo lo que pude a modo de pago por mis servicios.

Con todo esto hecho, la seguridad de la elfa estaba garantizada, pero si se quedaba en la ciudad aún existía la posibilidad de que ocurriera algo. Por esa razón la acompañé hasta un lugar distante. Ella me mostró su agradecimiento y reanudó su viaje.

Con la buena sensación de haber hecho una buena acción, decidí revisar las recompensas obtenidas en este asunto mientras desayunaba en un establecimiento cualquiera. Esta vez he conseguido varias cosas.

En primer lugar, lo más importante ha sido el tesoro que había acumulado la [Familia Guphendamon]. Desde una montaña de artículos mágicos de todo tipo hasta multitud de armas y armaduras, entre las cuales se mezclaban algunas bastante útiles. Además, tratándose de la ciudad en la que tenían su guarida, había muchas obras de arte de gran valor que alcanzarían un buen precio si se sacaran a subasta. Personalmente, lo que más valoro son los diferentes licores de mazmorra que coleccionaba el cabeza de familia. Como hay muchas sin abrir, beberlas será todo un placer. Aunque lo más grande de esta ocasión ha sido, sin duda, haber recibido la Rosa Caleidoscopio que llevaba la elfa. Parece que la propia elfa le tenía mucho cariño por haberla cuidado ella misma, pero era un riesgo demasiado alto que se la llevara consigo. Por esa razón me la quedé yo, aunque el problema radica en si seré capaz de cultivarla. En el peor de los casos no habría sido nada raro que se marchitara de inmediato, pero por lo visto una de las habilidades que poseo, [Muérdago del Amor y Bendición de la Dríada], ha tenido un buen efecto sobre ella.

Gracias a esto —que según recuerdo, recibí de una querida compañera sexual tras suceder varias cosas— puedo mantener cierto nivel de comunicación con las plantas, y parece que la caprichosa Rosa Caleidoscopio se muestra bastante amigable conmigo. Aunque le disgusta que Chabomaru intente llamar su atención, a la Rosa también parece gustarle la belleza similar a la de una gema que posee Chabomaru. Está enfadada con él, pero no hasta el punto de marchitarse. Tienen una relación similar al de dos amigos que no paran de discutirse, a pesar de ser un pájaro y una flor.

Así pues, se ha unido un nuevo y curioso miembro a nuestro grupo. Como de momento resulta un engorro llevarla a cuestas, pensé en guardarla en mi inventario, pero parece que eso tampoco le ha gustado. Como no me queda otra opción, decidí hacer flotar la maceta dentro de mi aureola celestial para cultivarla allí, tal y como hice en la época en que Chabomaru era un huevo. Al ser transparente en su totalidad, refleja muy bien el negro, el dorado y el bermellón, mezclando un brillo multicolor a modo de cúmulo extraño que ni siquiera llega a ser un aro. La Rosa Caleidoscopio parece estar encantada con la fuerza mágica que le suministra la aureola celestial, así que por ahora doy por bueno el hecho de que le haya gustado.

Entre una cosa y otra han pasado muchas cosas, pero de momento he decidido dedicar el día de hoy a hacer una comprobación final para asegurarme de que nadie persigue a la elfa. Aunque la reacción de la organización superior, [Parnassos Mutian], es una incógnita, es una organización demasiado grande como para borrarla del mapa sin más.

Al fin y al cabo, son una gran entidad del mundo de la superfície. Teniendo en cuenta su influencia, he decidido dejar su aniquilación en pausa por el momento y he pasado el día indagando información por la ciudad. Hay que ofrecer un buen servicio posventa.





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