
Hoy iba a ser un día de traducir Los diarios de la boticaria, pero un gran fan anónimo de Re:Monster me avisó en un comentario de que hace poco se habían publicado 10 capítulos nuevos de Re:Monster en Alphapolis y aquí me hallo.
Como siempre, animad al autor en la publicación original para que siga escribiendo, por favor~
-Xeniaxen
Ayer comencé la exploración del [Teatro Itinerante de las Mil Artes – Pierrotpía Mimother].
Me adentré en el área más allá de la zona segura. Donde se extiende un paisaje apacible en el que los monstruos de la mazmorra cercanos a la entrada muestran sus respectivos trucos y entretienen a la gente común ajena al combate. Donde se despliega la verdadera y peligrosa mazmorra que intenta eliminar sin piedad a los intrusos. Lo primero con lo que me topé allí fue con un jefe de área.
Se llamaba “Llama Crematoria” y era un aro de fuego ardiendo.
A juzgar por su aspecto, debió de nacer inspirándose en el número de los leones que saltan a través de aros de fuego; era un aro en llamas con la capacidad de generar fieras ardiendo.
Aunque la “Llama Crematoria” no supuso un gran obstáculo para mí debido a nuestra compatibilidad, ya que yo puedo absorber el calor del fuego, tenía la capacidad suficiente para derrotar a la mayoría de los aspirantes, tal como se espera de un jefe de área. Por su fuerza, un jefe de área es normalmente un enemigo poderoso que aguarda en las profundidades. El simple hecho de haber topado con uno sería reconocido en el exterior como una muestra de contar con un nivel respetable.
Encontrar a un enemigo tan fuerte nada más entrar me produjo una extraña sensación. En circunstancias normales, no era una existencia que debiera estar en un lugar tan poco profundo.
Y esa extraña sensación se hizo más fuerte a medida que avancé un rato.
Quizás porque este lugar tiene el circo como temática, la estructura interna y la decoración eran bastante estrafalarias.
Los pasillos continuaban sin uniformidad alguna, hasta el punto de hacerme perder el sentido de la orientación solo con avanzar. Algunos eran tan estrechos que no podía pasar sin encogerme, otros tan anchos que podían pasar varias personas exteniendo ambos brazos con espacio de sobra, o bien se torcían mientras se ramificaban de forma inagotable. El diseño de las paredes y los techos cambiaba drásticamente en cada sección; algunos eran blancos y negros, como un tablero de ajedrez, y otros estaban decorados vívidamente con tonos dorados y rojos, por lo que a primera vista parecía fácil recordar la ruta recorrida.
Pero eso era una trampa.
Aunque intentara dar la vuelta tras avanzar un rato, la decoración cambiaba sutilmente sin que me diera cuenta, y las tonalidades de los pasillos intrincados distintas a las de antes hacían que el camino de regreso se volviera difícil de encontrar. Cuanto más avanzaba, más perdía la noción de dónde estaba, por lo que elaborar un mapa detallado para completarlo me resultó extremadamente difícil.
En esos pasillos, que me agotaron solo con recorrerlos, había colocadas un sinfín de herramientas de circo de todos los tamaños, las cuales también funcionaban como artilugios de este lugar. Para abrir una puerta firmemente cerrada, era necesario acertar con cuchillos arrojadizos a un blanco un número determinado de veces desde cierta distancia. O bien, al hacer malabares con varias bolas una cantidad concreta de veces, aparecía un cofre del tesoro donde antes no había nada, entre otros muchos elementos.
Además, tras las herramientas más grandes se escondían monstruos de mazmorra que podían tender emboscadas, por lo que no había que bajar la guardia.
Así fue como avancé minuciosamente, completando en mi [Mapeo Mental] este lugar tan complejo como un hormiguero, compuesto por pasillos y pequeñas habitaciones. Además del útil [Mapeo Mental], mis sentidos, mucho más aguzados que antes, me fueron de gran ayuda para descubrir habitaciones ocultas y cofres del tesoro. Cada vez que percibía la más mínima anomalía, registraba los alrededores, utilizando siempre como pista los pequeños indicios que permanecían ocultos.
Así, tras pasar dos días recorriéndolo de rincón a rincón, confirmé lo que ya sospechaba desde una etapa temprana: la ruta que elegí en primer lugar no llevaba a las profundidades, sino que era simplemente un callejón sin salida de gran extensión diseñado para confundir a los exploradores.
Es una lástima no haber podido completarlo por la vía más rápida, pero la estructura cambia con el tiempo por defecto, así que estas cosas pasan. Además, cabe perfectamente la posibilidad de que ese payaso haya detectado mi presencia y haya cambiado la estructura a toda prisa.
Pero al margen de cuál sea la verdad, aunque no pudiera seguir avanzando hacia el fondo, cubrí esta ruta en su totalidad. Por tanto, no ha sido para nada un paseo en vano, y por el camino he obtenido resultados más que suficientes.
En primer lugar, la enorme cantidad de monstruos específicos de esta mazmorra que han aparecido. Todos ellos son seres llamativos y estrafalarios, basados en los números de un circo:
Además, los artículos que encontré en la mazmorra también son de lo más peculiares:
En cualquier caso, por el momento he puesto punto final a la exploración. Como di toda la vuelta y he regresado a la bifurcación cercana a la primera zona segura, decidí salir un momento al exterior para despejarme un poco.
Al volver a la primera zona segura, justo al lado, las personas comunes que disfrutaban del circo ya empezaron a emprender el camino de regreso.
En contraste con el espacio lleno de sed de sangre que acababa de pisar hacía un instante, me llegaron las alegres voces de los niños. Solo con eso, me relajé un poco.
Al salir dejándome llevar por el flujo de gente formado de manera natural, vi que el mundo se había teñido de rojo. Ya era por la tarde, y faltaba poco para que cayera la noche.
Tal vez por eso, un gran número de barcos de diversos tamaños navegaban sin cesar con pasajeros por el canal que discurre a los alrededores. La abrumadora mayoría de los que subían a los barcos a estas horas para regresar eran niños cansados de jugar, junto con sus padres, mientras que la mayoría de los que venían a partir de este momento parecían ser exploradores.
Los exploradores que subían a los barcos llevaban un equipo de combate completo reconocible a simple vista; conversaban sobre sus planes futuros con sus compañeros y proyectaban una atmósfera repleta de una tensa voluntad de lucha. Aunque [Teatro Itinerante de las Mil Artes – Pierrotpía Mimother] no sea una mazmorra donde la fuerza o la raza de los monstruos cambien drásticamente según la franja horaria, ya sea de mañana o de noche, por lo general la cantidad de aspirantes disminuye durante la noche. Los que van a adentrarse a partir de ahora deben de ser veteranos cuyo objetivo es obtener mayores ganancias, al haber menos competencia.
Esquivando con naturalidad las miradas de aquellos hombres y mujeres, que probablemente se encontraban entre los más poderosos de la actualidad en la Ciudad de las Artes y la Cultura, [El Theatro], crucé el canal de un ligero salto cabalgando sobre el lobo apóstol.
La velocidad de vuelo del lobo ahora es más rápida que el viento y, en un abrir y cerrar de ojos, nos elevamos alto en el cielo. Al contemplar la ciudad desde arriba, he visto que hay zonas iluminadas con luces dispersas, mientras que una sección brillaba con tal intensidad que atrajo mi mirada sin remedio. No solo se podía apreciar desde el aire que allí se congregaba una gran multitud, sino que además flotaba un olor delicioso.
Dejándome llevar instintivamente por ese aroma, me posé en la cuna de ese ambiente: la gran plaza con historia [Kalti Lumis]. Es una de las grandes plazas con mayor escala del distrito artístico que se extiende al lado oeste de la Ciudad de las Artes y la Cultura, [El Theatro]. Un lugar de descanso habitual para los residentes donde suelen celebrarse eventos como exposiciones de pintura o escultura.
Allí se estaba celebrando en ese momento un mercado nocturno en el que había diversas paraditas y puestos de venta ambulante.
La clientela del mercado nocturno era muy variada. Había desde residentes vestidos con ropa informal hasta parejas de ancianos bien avenidas y chicos y chicas jóvenes que debían de estar en una cita. Estaba abarrotado de familias que probablemente se habían desviado de camino a casa tras visitar el cercano [Teatro Itinerante de las Mil Artes – Pierrotpía Mimother], así como de exploradores que no se sabía si iban de camino al trabajo o regresaban de él, creando un ambiente extremadamente animado.
A pesar de estar cayendo la noche, me abrí paso lentamente entre la multitud, en la que resultaba difícil dar unos pocos pasos, mientras observaba qué se vendía en los tenderetes. Había desde puestos de venta ambulante que vendían artículos ideales como recuerdo hasta puestos de comida con platos sencillos para disfrutar mientras se camina, lo habitual en estos sitios. Si tuviera que destacar algo poco común en comparación con otros lugares, sería la gran cantidad de puestos que vendían obras de arte misteriosas hechas por sus propios creadores y artistas que retrataban a los clientes a gran velocidad.
Tras pasear durante un rato, me dejé atraer por el aroma a carne asada que flotaba desde algún sitio cercano y dirigí mis pasos hacia allí. Con Chabomaru sobre la cabeza y el lobo apóstol, reducido al tamaño de un cachorro para no molestar, aposentado sobre mi hombro, al avanzar hacia donde emanaba el olor me topé con una auténtica erupción de jugos de carne.
Una plancha gigantesca hecha de hierro de lava negra se extendía de extremo a extremo en un puesto de más de varios metros de largo. Sobre ella, calentada con una gran cantidad de carbón incandescente que generaba un calor comparable al de un alto horno, se asaban gruesos filetes de carne magra de Magma Buey, tal y como indicaba el nombre del producto del puesto. La carne magra se cocinaba a fuego lento a una temperatura altísima, la grasa hirviendo burbujeaba y chisporroteaba al entrar en contacto con la plancha. Entonces, la carne pacientemente asada era lanzada al aire por un cocinero de habilidad evidente, troceada con rapidez en mitad del aire y ensartada en grupo por una brocheta para convertirla en un pincho de carne. Ocurrió en un pestañeo, y la gran destreza demostrada hizo que el público de alrededor dejara escapar un vívido entusiasmo de admiración.
Y cuando las brochetas de carne regresaron de nuevo a la plancha, el cocinero espolvoreó al instante sobre ellas sal rosa de roca. Al mezclarse con la grasa de la carne, la sal de roca hizo que su aroma fuera aún más exquisito.
A pesar de ser un plato de carne tan simple, de tan solo asar y salar, la demostración durante la cocina y la explosión de un aroma que estimula con fuerza el apetito rozaban una especie de violencia. Al igual que los presentes, no pude evitar comprar una docena de brochetas de carne. Con solo dar un bocado, un sabor delicioso que no decepcionó mis expectativas estalló en mi boca.
Mientras caminaba comiendo complacido las brochetas de carne de Magma Buey, encontré un puesto del que emanaba un vapor muy aromático. En él había alineadas varias ollas de gran tamaño en las que se vendían distintos tipos de sopa. Sopa de hueso de subdragón cocinada a fuego lento durante horas; sopa curativa centrada en diversas hierbas aromáticas y medicinales; sopa estofada repleta de enormes trozos de carne; o una sopa mágica que, a pesar de ser transparente como el agua a simple vista, poseía un sabor intenso.
Como todas eran tan atractivas que costaba decidirse por una, por supuesto las pedí todas. Mientras me tomaba las sopas servidas en recipientes desechables en busca del siguiente puesto, escuché el sonido de algo friéndose en aceite. Como me apapetecieron unos fritos, me dirigí hacia allí y me encontré con una concentración de puestos donde se podía disfrutar de varios tipos de alcohol acompañados de frituras.
Había sillas y mesas dispuestas. El lugar, que recordaba a una especie de taberna, parecía congregar a más matones y exploradores que otras zonas, por lo que se respiraba una atmósfera más ruda. Al haber alcohol de por medio parecía probable que surgieran problemas, pero en el perímetro había un número de guardias superior al habitual manteniendo una vigilancia estrecha. Por lo visto, agrupaban a las personas de mayor riesgo en un solo lugar para evitar que causaran daños en otras partes. Quizás porque estaba controlado hasta cierto punto, aquí todos bebían a lo grande, reían con ganas y armaban un gran alboroto, sin que la cosa llegara a mayores en forma de pelea. En caso de que estuviera a punto de estallar una trifulca, la norma parecía ser resolverlo con un pulso.
Aunque había cierta rudeza, respetando unas normas mínimas de educación se convertía en un lugar donde beber felizmente. Se podía beber y comer gustosamente, y además, recopilar información de los exploradores, así que por supuesto decidí unirme a ellos.
-Xeniaxen
Anterior : Lista de capítulos : Siguiente
Novela original en japonés por: 金斬児狐 (Kanekiru Kogitsune)
Re:Monster
Traducción: Xeniaxen
Traducción: Xeniaxen
Día 671
Ayer comencé la exploración del [Teatro Itinerante de las Mil Artes – Pierrotpía Mimother].
Me adentré en el área más allá de la zona segura. Donde se extiende un paisaje apacible en el que los monstruos de la mazmorra cercanos a la entrada muestran sus respectivos trucos y entretienen a la gente común ajena al combate. Donde se despliega la verdadera y peligrosa mazmorra que intenta eliminar sin piedad a los intrusos. Lo primero con lo que me topé allí fue con un jefe de área.
Se llamaba “Llama Crematoria” y era un aro de fuego ardiendo.
A juzgar por su aspecto, debió de nacer inspirándose en el número de los leones que saltan a través de aros de fuego; era un aro en llamas con la capacidad de generar fieras ardiendo.
Aunque la “Llama Crematoria” no supuso un gran obstáculo para mí debido a nuestra compatibilidad, ya que yo puedo absorber el calor del fuego, tenía la capacidad suficiente para derrotar a la mayoría de los aspirantes, tal como se espera de un jefe de área. Por su fuerza, un jefe de área es normalmente un enemigo poderoso que aguarda en las profundidades. El simple hecho de haber topado con uno sería reconocido en el exterior como una muestra de contar con un nivel respetable.
Encontrar a un enemigo tan fuerte nada más entrar me produjo una extraña sensación. En circunstancias normales, no era una existencia que debiera estar en un lugar tan poco profundo.
Y esa extraña sensación se hizo más fuerte a medida que avancé un rato.
Quizás porque este lugar tiene el circo como temática, la estructura interna y la decoración eran bastante estrafalarias.
Los pasillos continuaban sin uniformidad alguna, hasta el punto de hacerme perder el sentido de la orientación solo con avanzar. Algunos eran tan estrechos que no podía pasar sin encogerme, otros tan anchos que podían pasar varias personas exteniendo ambos brazos con espacio de sobra, o bien se torcían mientras se ramificaban de forma inagotable. El diseño de las paredes y los techos cambiaba drásticamente en cada sección; algunos eran blancos y negros, como un tablero de ajedrez, y otros estaban decorados vívidamente con tonos dorados y rojos, por lo que a primera vista parecía fácil recordar la ruta recorrida.
Pero eso era una trampa.
Aunque intentara dar la vuelta tras avanzar un rato, la decoración cambiaba sutilmente sin que me diera cuenta, y las tonalidades de los pasillos intrincados distintas a las de antes hacían que el camino de regreso se volviera difícil de encontrar. Cuanto más avanzaba, más perdía la noción de dónde estaba, por lo que elaborar un mapa detallado para completarlo me resultó extremadamente difícil.
En esos pasillos, que me agotaron solo con recorrerlos, había colocadas un sinfín de herramientas de circo de todos los tamaños, las cuales también funcionaban como artilugios de este lugar. Para abrir una puerta firmemente cerrada, era necesario acertar con cuchillos arrojadizos a un blanco un número determinado de veces desde cierta distancia. O bien, al hacer malabares con varias bolas una cantidad concreta de veces, aparecía un cofre del tesoro donde antes no había nada, entre otros muchos elementos.
Además, tras las herramientas más grandes se escondían monstruos de mazmorra que podían tender emboscadas, por lo que no había que bajar la guardia.
Así fue como avancé minuciosamente, completando en mi [Mapeo Mental] este lugar tan complejo como un hormiguero, compuesto por pasillos y pequeñas habitaciones. Además del útil [Mapeo Mental], mis sentidos, mucho más aguzados que antes, me fueron de gran ayuda para descubrir habitaciones ocultas y cofres del tesoro. Cada vez que percibía la más mínima anomalía, registraba los alrededores, utilizando siempre como pista los pequeños indicios que permanecían ocultos.
Así, tras pasar dos días recorriéndolo de rincón a rincón, confirmé lo que ya sospechaba desde una etapa temprana: la ruta que elegí en primer lugar no llevaba a las profundidades, sino que era simplemente un callejón sin salida de gran extensión diseñado para confundir a los exploradores.
Es una lástima no haber podido completarlo por la vía más rápida, pero la estructura cambia con el tiempo por defecto, así que estas cosas pasan. Además, cabe perfectamente la posibilidad de que ese payaso haya detectado mi presencia y haya cambiado la estructura a toda prisa.
Pero al margen de cuál sea la verdad, aunque no pudiera seguir avanzando hacia el fondo, cubrí esta ruta en su totalidad. Por tanto, no ha sido para nada un paseo en vano, y por el camino he obtenido resultados más que suficientes.
En primer lugar, la enorme cantidad de monstruos específicos de esta mazmorra que han aparecido. Todos ellos son seres llamativos y estrafalarios, basados en los números de un circo:
- Tigresorte. Un tigre con una máscara de rostro lloroso cuyas extremidades, de unos tres metros con un patrón de rayas rojas y azules, actúan como muelles para rebotar en todas direcciones.
- Pájaro Telón Negro. Un hombre pájaro cuyo cuerpo está formado por un plumaje negro similar al telón de un escenario. Se mueven en bandada para rodear al enemigo, sumirlo en la oscuridad y acribillarlo con rayos extraños que disparan desde los ojos.
- Pantera Petardo. Un gran felino estruendoso de unos dos metros que, cada vez que corre a gran velocidad, desprende desde sus extremidades un resplandor y un ruido tremendo comparable al de un petardo.
- Hiena de Fuego. Una hiena mágica con una hilera de protuberancias óseas en la espalda similares a antorchas, que aparece en recuas escupiendo fuego por la boca entre risas.
- Clown Elefante Ácido. Un hombre bestia ataviado con ropas estrafalarias de payaso que rueda sobre una gran pelota mientras esparce un líquido fuertemente ácido a través de su larga trompa.
Además, los artículos que encontré en la mazmorra también son de lo más peculiares:
- [Mascara de Comediante: Guasón]. Atrae la hostilidad del entorno hacia quien la lleva puesta.
- [Daga de Malabarista]. Un arma arrojadiza que al lanzarse se divide en cinco, pero que desaparece tras transcurrir un tiempo determinado si impacta contra algo.
- [Cañón Humano]. Un cañón que puede pasar de tener un tamaño de bolsillo a ser tan enorme que un adulto cabe por su boca.
- [Trapecio de Espectáculo Aéreo]. Un trapecio cuya cuerda puede extenderse hasta un máximo de cien metros y desplegarse en cualquier parte.
- [Petardo de Ovación]. A pesar de caber en la palma de la mano, al tirar de su cordel emite por la boca del tubo un destello y una detonación direccional tan potente que te hace retumbar todo el cuerpo.
En cualquier caso, por el momento he puesto punto final a la exploración. Como di toda la vuelta y he regresado a la bifurcación cercana a la primera zona segura, decidí salir un momento al exterior para despejarme un poco.
Al volver a la primera zona segura, justo al lado, las personas comunes que disfrutaban del circo ya empezaron a emprender el camino de regreso.
En contraste con el espacio lleno de sed de sangre que acababa de pisar hacía un instante, me llegaron las alegres voces de los niños. Solo con eso, me relajé un poco.
Al salir dejándome llevar por el flujo de gente formado de manera natural, vi que el mundo se había teñido de rojo. Ya era por la tarde, y faltaba poco para que cayera la noche.
Tal vez por eso, un gran número de barcos de diversos tamaños navegaban sin cesar con pasajeros por el canal que discurre a los alrededores. La abrumadora mayoría de los que subían a los barcos a estas horas para regresar eran niños cansados de jugar, junto con sus padres, mientras que la mayoría de los que venían a partir de este momento parecían ser exploradores.
Los exploradores que subían a los barcos llevaban un equipo de combate completo reconocible a simple vista; conversaban sobre sus planes futuros con sus compañeros y proyectaban una atmósfera repleta de una tensa voluntad de lucha. Aunque [Teatro Itinerante de las Mil Artes – Pierrotpía Mimother] no sea una mazmorra donde la fuerza o la raza de los monstruos cambien drásticamente según la franja horaria, ya sea de mañana o de noche, por lo general la cantidad de aspirantes disminuye durante la noche. Los que van a adentrarse a partir de ahora deben de ser veteranos cuyo objetivo es obtener mayores ganancias, al haber menos competencia.
Esquivando con naturalidad las miradas de aquellos hombres y mujeres, que probablemente se encontraban entre los más poderosos de la actualidad en la Ciudad de las Artes y la Cultura, [El Theatro], crucé el canal de un ligero salto cabalgando sobre el lobo apóstol.
La velocidad de vuelo del lobo ahora es más rápida que el viento y, en un abrir y cerrar de ojos, nos elevamos alto en el cielo. Al contemplar la ciudad desde arriba, he visto que hay zonas iluminadas con luces dispersas, mientras que una sección brillaba con tal intensidad que atrajo mi mirada sin remedio. No solo se podía apreciar desde el aire que allí se congregaba una gran multitud, sino que además flotaba un olor delicioso.
Dejándome llevar instintivamente por ese aroma, me posé en la cuna de ese ambiente: la gran plaza con historia [Kalti Lumis]. Es una de las grandes plazas con mayor escala del distrito artístico que se extiende al lado oeste de la Ciudad de las Artes y la Cultura, [El Theatro]. Un lugar de descanso habitual para los residentes donde suelen celebrarse eventos como exposiciones de pintura o escultura.
Allí se estaba celebrando en ese momento un mercado nocturno en el que había diversas paraditas y puestos de venta ambulante.
La clientela del mercado nocturno era muy variada. Había desde residentes vestidos con ropa informal hasta parejas de ancianos bien avenidas y chicos y chicas jóvenes que debían de estar en una cita. Estaba abarrotado de familias que probablemente se habían desviado de camino a casa tras visitar el cercano [Teatro Itinerante de las Mil Artes – Pierrotpía Mimother], así como de exploradores que no se sabía si iban de camino al trabajo o regresaban de él, creando un ambiente extremadamente animado.
A pesar de estar cayendo la noche, me abrí paso lentamente entre la multitud, en la que resultaba difícil dar unos pocos pasos, mientras observaba qué se vendía en los tenderetes. Había desde puestos de venta ambulante que vendían artículos ideales como recuerdo hasta puestos de comida con platos sencillos para disfrutar mientras se camina, lo habitual en estos sitios. Si tuviera que destacar algo poco común en comparación con otros lugares, sería la gran cantidad de puestos que vendían obras de arte misteriosas hechas por sus propios creadores y artistas que retrataban a los clientes a gran velocidad.
Tras pasear durante un rato, me dejé atraer por el aroma a carne asada que flotaba desde algún sitio cercano y dirigí mis pasos hacia allí. Con Chabomaru sobre la cabeza y el lobo apóstol, reducido al tamaño de un cachorro para no molestar, aposentado sobre mi hombro, al avanzar hacia donde emanaba el olor me topé con una auténtica erupción de jugos de carne.
Una plancha gigantesca hecha de hierro de lava negra se extendía de extremo a extremo en un puesto de más de varios metros de largo. Sobre ella, calentada con una gran cantidad de carbón incandescente que generaba un calor comparable al de un alto horno, se asaban gruesos filetes de carne magra de Magma Buey, tal y como indicaba el nombre del producto del puesto. La carne magra se cocinaba a fuego lento a una temperatura altísima, la grasa hirviendo burbujeaba y chisporroteaba al entrar en contacto con la plancha. Entonces, la carne pacientemente asada era lanzada al aire por un cocinero de habilidad evidente, troceada con rapidez en mitad del aire y ensartada en grupo por una brocheta para convertirla en un pincho de carne. Ocurrió en un pestañeo, y la gran destreza demostrada hizo que el público de alrededor dejara escapar un vívido entusiasmo de admiración.
Y cuando las brochetas de carne regresaron de nuevo a la plancha, el cocinero espolvoreó al instante sobre ellas sal rosa de roca. Al mezclarse con la grasa de la carne, la sal de roca hizo que su aroma fuera aún más exquisito.
A pesar de ser un plato de carne tan simple, de tan solo asar y salar, la demostración durante la cocina y la explosión de un aroma que estimula con fuerza el apetito rozaban una especie de violencia. Al igual que los presentes, no pude evitar comprar una docena de brochetas de carne. Con solo dar un bocado, un sabor delicioso que no decepcionó mis expectativas estalló en mi boca.
Mientras caminaba comiendo complacido las brochetas de carne de Magma Buey, encontré un puesto del que emanaba un vapor muy aromático. En él había alineadas varias ollas de gran tamaño en las que se vendían distintos tipos de sopa. Sopa de hueso de subdragón cocinada a fuego lento durante horas; sopa curativa centrada en diversas hierbas aromáticas y medicinales; sopa estofada repleta de enormes trozos de carne; o una sopa mágica que, a pesar de ser transparente como el agua a simple vista, poseía un sabor intenso.
Como todas eran tan atractivas que costaba decidirse por una, por supuesto las pedí todas. Mientras me tomaba las sopas servidas en recipientes desechables en busca del siguiente puesto, escuché el sonido de algo friéndose en aceite. Como me apapetecieron unos fritos, me dirigí hacia allí y me encontré con una concentración de puestos donde se podía disfrutar de varios tipos de alcohol acompañados de frituras.
Había sillas y mesas dispuestas. El lugar, que recordaba a una especie de taberna, parecía congregar a más matones y exploradores que otras zonas, por lo que se respiraba una atmósfera más ruda. Al haber alcohol de por medio parecía probable que surgieran problemas, pero en el perímetro había un número de guardias superior al habitual manteniendo una vigilancia estrecha. Por lo visto, agrupaban a las personas de mayor riesgo en un solo lugar para evitar que causaran daños en otras partes. Quizás porque estaba controlado hasta cierto punto, aquí todos bebían a lo grande, reían con ganas y armaban un gran alboroto, sin que la cosa llegara a mayores en forma de pelea. En caso de que estuviera a punto de estallar una trifulca, la norma parecía ser resolverlo con un pulso.
Aunque había cierta rudeza, respetando unas normas mínimas de educación se convertía en un lugar donde beber felizmente. Se podía beber y comer gustosamente, y además, recopilar información de los exploradores, así que por supuesto decidí unirme a ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario