
Webnovel original en japonés por: 日向夏 (Natsu Hyūga)
Los diarios de la boticaria
Volumen 9
Xeniaxen: Aviso de que en este capítulo habrá muchas anotaciones, porque se nombran varios conceptos de la filosofía china que para nosotros no son comunes.
«Parece que faltan dos libros en la secuencia...», contó en silencio. Maomao anotó con cuidado la numeración exacta de los ejemplares ausentes. En efecto, la colección acusaba la falta irrefutable de dos compendios en las baldas.
—Mmm...
Maomao ladeó la cabeza con gesto pensativo, sentada ante el amplio escritorio de madera. Un día más, se estaba entregando por entero a la ardua labor de la transcripción de los textos. La noche anterior había abrigado la firme intención de velar hasta el alba, pero Yao y Enen la arrastraron consigo para obligarla a descansar. Sostenían que trasnochar resultaba perjudicial para el lustre de la piel.
La práctica totalidad de los volúmenes custodiados en la librería exhibía la fina caligrafía de su padre adoptivo. Albergaban un nutrido e inestimable bagaje de conocimientos adquiridos en su época de formación en las tierras del oeste, salpicado de vocablos extranjeros en multitud de pasajes. Ciertos términos altamente especializados escapaban incluso a la habitual comprensión de Maomao. Al consultar la materia a Enen, la grafía tampoco le sugería significado alguno, así que la boticaria dedujo que se trataba de léxico técnico imposible de verter de forma directa a la lengua de Li.
Anhelaba abarcar la lectura completa de los tratados, mas las horas acuciaban. El tiempo de estancia expiraba con celeridad. Les habían asegurado que el excéntrico estratega regresaría a la vivienda al día siguiente, por lo que deseaba copiar cuanto le fuera dado antes de su inminente llegada, si bien se le antojaba una empresa completamente imposible el transcribirlo todo. En tal caso, convendría extractar únicamente los pasajes de mayor relevancia práctica.
—Maomao, te ruego que no te exijas hasta el agotamiento —recomendó Enen.
La sirvienta se presentó en la estancia con un puñado de hortalizas frescas en la mano. Puesto que la cena de la víspera anterior resultó de una magnificencia soberbia, anunció que la vianda de hoy ostentaría un carácter más ligero. Lo disponía, a buen seguro, en atención al apetito moderado de Yao.
—No te preocupes. Yo estoy bien.
—Lo que me preocupa es que la señorita Yao opte por imitar tu conducta.
A decir verdad, el desvelo de Enen no recaía jamás en el bienestar de Maomao. Únicamente le preocupaba que a su señorita le diera por seguir su mal ejemplo y terminara perjudicando su propia salud. Se trataba del proceder habitual de la sirvienta.
—¿Y dónde está Yao? —inquirió la boticaria.
Recordaba perfectamente que durante las primeras horas de la mañana la joven noble se entregó a la lectura en su misma compañía. Sin embargo, en algún instante de la jornada terminó por perderla de vista. Dado que la muchacha rehusaba categóricamente toparse con su insistente tío, manifestó su firme propósito de no traspasar jamás los límites de la propiedad del excéntrico estratega durante el receso, por lo que estaría en algún lugar de la casa.
—Creo que se ha llevado consigo varios tomos, de modo que apreciaría su pronta devolución —manifestó Maomao con pragmatismo, sin inquietarle lo más mínimo el paradero de su compañera.
—Esos libros no son de tu propiedad en cualquier caso. Yao los está leyendo tranquilamente en la planta superior.
—Ah... Vale —acceptó Maomao sin mayor objeción—. Abandonarlos aquí sin que alma alguna los examine sería una auténtica lástima.
Si el destino de la colección se reducía a aguardar la inevitable erosión del tiempo, ¿acaso entrañaría falta alguna adueñarse de la totalidad del fondo bibliográfico? Ella carecía de espacio físico donde alojar semejante volumen de tratados. Resultaba del todo imposible acomodarlos en la residencia compartida de las doncellas adscritas al palacio, y de trasladar semejante cargamento a su modesta vivienda del distrito del placer, la artimaña quedaría al descubierto en cuanto su padre adoptivo regresara de sus obligaciones.
Aun cuando Luomen le transmitió en vida un caudal incalculable de saberes médicos, trazó siempre cierta frontera infranqueable en su instrucción. Celebró con agrado que abrazara el oficio de boticaria, mas rehusaba tajantemente que manipulara cadáveres humanos o realizara incisiones graves, por lo que le prohibió ejercitarse formalmente como médica. El hecho de que desempeñara en el presente un cargo oficial en la oficina médica adscrita a la corte respondía únicamente a su condición de asistente, razón por la cual le fue concedida la oportuna venia.
«Ciertamente, jamás sentí inclinación por los procedimientos de índole quirúrgica», se autoexcusó en su fuero interno. Cuando se trataba de curar cortes superficiales o contusiones leves, no ponía el menor reparo; mas cuando el trance exigía suturar una herida profunda o realizar una incisión audaz para drenar la encarnadura, Luomen solía asumir el cometido en persona sin permitir jamás la menor intervención de Maomao. Huelga decir que, en la prolongada ausencia de su padre adoptivo, la joven ejecutó en el prostíbulo tales curaciones complejas guiándose por la mera y atenta observación, de modo que dominaba la técnica a la perfección a pesar de la restricción.
«Anatomía humana, procedimientos quirúrgicos...», Maomao contempló la numeración omitida. Cabía suponer sin margen de error que los tomos ausentes custodiaban precisamente las materias quirúrgicas que su padre adoptivo rehusó transmitirle en su juventud. «Esto aviva aún más mi curiosidad», se dijo a sí misma mientras fruncía el entrecejo y dejaba escapar un leve rezongo de insatisfacción.
Entonces, un estruendo formidable resonó con violencia desde la planta superior. Sonó como si un objeto de gran envergadura se desplomara con estrépito contra el suelo de madera. Del techo de la estancia descendió al punto una leve lluvia de polvo.
—¡Señorita! —exclamó Enen con angustia, encarando la escalera a toda prisa con el rostro desencajado por el pánico.
Maomao abandonó el volumen sobre la mesa con presteza y siguió sus pasos apresurados hacia la planta alta.
La puerta de madera de uno de los aposentos del piso superior se hallaba abierta de par en par. Enen penetró en la estancia sin vacilar un solo instante.
—¡Ay, ay, ay...!
Yao yacía tendida cuan larga era en el suelo, sobándose la cadera dolorida con gesto adolorido. A su lado descansaba una pesada cómoda de madera volcada. He ahí la causa directa del estrépito.
—¿Estás bien? ¿Te has hecho daño? —preguntó Enen abalanzándose a su lado.
—No es nada grave. Me encuentro perfectamente —aseguró Yao intentando incorporarse con esfuerzo.
Maomao recorrió la estancia con la mirada. Era un aposento de estructura tan sumamente estrambótica que resultaba de todo punto imposible no demorarse en su inspección.
—¿Qué clase de habitación es esta? Ciertamente, infunde cierta turbación... —murmuró.
El revestimiento de los muros exhibía una factura jamás vista por Maomao en la capital. Bien se adivinaba que el suelo y las paredes estaban labrados en madera, mas la combinación intercalada de dos tonalidades totalmente distintas componía un dibujo geométricamente estrambótico. El techo lucía ornamentado con intrincadas efigies de animales, resultando en un conjunto abigarrado y falto de armonía que, a decir verdad, era desconcertante, cuanto menos.
—Yo también me quedé atónita al contemplarlo por primera vez... Sin embargo, al recordar que este pabellón anexo constituye una propiedad del Clan Luo, la disposición cobró cierto sentido.
—Dado que esta estirpe engendra lunáticos de generación en generación, no resulta descabellado que entre sus filas haya surgido un artífice capaz de concebir semejante aposento.
Yao y Enen fijaron la mirada atónita en Maomao, pese a la desfachatez de sus palabras.
—En cualquier caso... ¿qué estabas haciendo aquí arriba exactamente? —inquirió Maomao a Yao con presteza, con el claro propósito de cambiar de tema.
—Estaba examinando esto.
Yao extrajo de entre el desorden del mueble un volumen manuscrito por la inconfundible caligrafía de Luomen. En la cubierta de papel figuraba la clara indicación numérica «[1]-2-I».
—¿Qué ocurre con este tomo en particular?
Maomao reconoció de inmediato la numeración de la cubierta, si bien no había examinado aún el contenido científico de dicho ejemplar.
—Observa con atención el margen inferior de la última página.
Yao abrió el libro con cuidado. En la esquina del folio final hallábase dibujado un diminuto y sutil círculo a pincel.
—¿Un diagrama del Taijitu, tal vez? —aventuró Maomao al aproximarse.
NT: El Taijitu es el símbolo circular de la filosofía china que representa el Yin y el Yang y el principio de la creación. Muestra dos mitades suntuosas, una blanca y otra negra, unidas por una línea curva. Cada mitad tiene un punto del color contrario en su centro.
El gráfico recibía asimismo la clásica denominación de diagrama de los dos peces en la tradición popular. Se trataba del célebre símbolo taoísta donde dos figuras dinámicas en forma de pez, una blanca y otra negra, se entrelazaban armónicamente para conformar un círculo perfecto que representaba el equilibrio entre el Yin y el Yang. En el pragmático ánimo de Maomao, dicho trazo evocaba únicamente su empleo habitual en las artes adivinatorias y místicas.
—¿A qué obedece este gráfico? —inquirió Maomao, sin poder sino ladear la cabeza, profundamente desorientada ante el hallazgo.
—Es el célebre diagrama del Yin y el Yang... —intervino Enen. Descendió a la planta inferior y regresó al punto portando otro volumen entre las manos—. Aquí figura también. En este caso, se halla dispuesto en la primera página.
El ejemplar lucía en la cubierta y la solapa la indicación «[1]-2-III». Maomao colocó ambos tomos en paralelo sobre la madera del suelo.
—...
—¿El ejemplar destinado a ocupar el espacio intermedio es uno de los que faltan en la librería? —preguntó Enen.
—Efectivamente, así es. Por esa razón, concebí una conjetura —aserveró Yao. La joven noble propinó una palmada de plena convicción contra la pared del estrambótico recinto antes de introducir su cábala—. ¿No se hallará dicho tomo oculto en el interior de la estructura de esta casa?
—¿Por qué razón habría de estarlo?
Maomao frunció el entrecejo sin alcanzar a comprender la deducción de su compañera. Por el contrario, Enen abrió los ojos de par en par y batió las palmas con desbordante entusiasmo.
—Soberbio razonamiento, señorita.
«Tampoco hay necesidad de deshacerse en elogios tan desmedidos por el mero hecho de tratarse de su adorada señorita. ¿Qué tiene de soberbia semejante conjetura? ¿En qué se basa?», dudó Maomao en su fuero interno. La boticaria trataba de buscar una explicación pragmática a aquella disparatada insinuación.
—Este muro y este pavimento representan los Ocho Trigramas, ¿no es así?
—¡Exacto!
—¿Los Ocho Trigramas?
«Los Ocho Trigramas... Las cien escuelas, esquemas adivinatorios... ¿una adivinanza?», Maomao ladeó la cabeza mientras intentaba asociar el vocablo en su memoria.
NT: Las Cien Escuelas del Pensamiento fue una época dorada de la filosofía china, durante los periodos de los Reinos Combatientes. Durante ese tiempo, filósofos y eruditos viajaban de un reino a otro ofreciendo sus ideas a los reyes para gobernar mejor, lo que provocó una enorme explosión de debates, teorías y libertad intelectual. Aunque el término «cien» es una forma de decir «muchas», los historiadores clasificaron este pensamiento en varias corrientes principales. Las más importantes son: el confucionismo, el taoísmo, la escuela de la ley (legismo), el moísmo, la escuela de los nombres (logistas), y la escuela del Yin-Yang (naturalistas). Esta época terminó con la unificación de China, la cual persiguió muchas de estas escuelas, quemando libros y enterrando eruditos, para imponer el legismo como única verdad. Por dar más detalles de lo que sostiene cada corriente:
- El confucionismo cree que la sociedad funciona si se basa en la moral, el respeto a la familia (filialidad), los rituales y la benevolencia. Si el gobernante es virtuoso, el pueblo lo imitará.
- El taoísmo cree que el orden se logra viviendo en armonía con la naturaleza y el Tao (el Camino). Defiende el concepto de la "no-acción" o dejar que las cosas fluyan de forma natural, rechazando las leyes artificiales del hombre.
- El legismo cree que la naturaleza humana es egoísta y no se puede confiar en la moral. Para mantener el orden, el Estado necesita leyes estrictas, recompensas claras y castigos severos.
- El moísmo promueve el amor universal y el pacifismo. Critica los lujos de los gobernantes y los rituales costosos.
- El logismo se enfoca en la lógica y el significado de las palabras. Es famoso por paradojas similares a las de los sofistas griegos.
- La escuela del Yin-Yang explica el universo a través de las fuerzas complementarias y la teoría de los Cinco Elementos (madera, fuego, tierra, metal y agua), relacionando la naturaleza con la política.
—¿Los Ocho Trigramas, ¿eh...?
Recordaba vagamente que tales figuras guardaban una estrecha relación con el diagrama del Yin y el Yang, mas la materia adivinatoria escapaba por entero a su especialidad. Tratándose de un ámbito ajeno a su verdadero interés, la capacidad de retención de Maomao padecía un mermamiento severo.
NT: Los Ocho Trigramas y el diagrama del Yin-Yang son, en realidad, el mismo concepto evolutivo. Los trigramas son la representación gráfica de cómo se divide y se mueve la energía del Yin-Yang en el universo. Los Ocho Trigramas, que suelen colocarse alrededor del Yin-Yang, son: el Cielo (☰), la Tierra (☷), el Trueno (☳), el Viento o la Madera (☴), el Agua (☵), el Fuego (☲), la Montaña (☶), el Lago o la Orilla (☱).
Como curiosidad, la bandera de Corea del Sur tiene cuatro de estos trigramas, los más elementales: el Cielo (☰), la Tierra (☷), el Agua (☵), el Fuego (☲). La disposición no es aleatoria; está diseñada en parejas simétricas de opuestos que se cruzan en diagonal para simbolizar la armonía: el Cielo (☰) se opone en diagonal a la Tierra (☷), y el Agua (☵) se opone en diagonal al Fuego (☲). Los colores azul y rojo del Yin-Yang que tiene la bandera en el centro corresponden a los colores tradicionales que los coreanos otorgan al mismo concepto, en lugar del blanco y negro chino.
—Así es, los Ocho Trigramas. ¿Y no representan estos trazos las líneas místicas de los trigramas?
—¿Las líneas místicas...?
Ese era un vocablo que no solo le resultaba del todo ajeno a la boticaria, sino que era completamente incapaz de columbrar su significado en aquel contexto.
NT: Están dando vueltas al mismo concepto. La filosofía del Yin-Yang enseña que nada permanece igual: cuando una fuerza llega a su punto máximo, inevitablemente se convierte en su opuesto. El día llega a su cenit y empieza a oscurecer; el invierno llega a su punto más frío y la naturaleza empieza a calentarse. Así, se dice que las líneas que conforman los trigramas: se cansan y se transforman —al cansarse, la línea se rompe por la mitad y se convierte en una línea partida—, y el ciclo vuelve a empezar —cuando la línea partida descansa lo suficiente, se vuelve a unir y se transforma otra vez en una línea entera.
Esto tiene relación con la adivinación porque, para adivinar el futuro con estas líneas, los antiguos chinos inventaron un método que funciona igual que hacerle una pregunta a un sabio. Primero, piensas en una duda importante. Luego, tomas tres monedas comunes y las lanzas al aire 6 veces. Cada vez que caen las monedas, anotas el resultado. Si caen más caras, dibujas una línea entera (⚊). Si caen más cruces, dibujas una línea partida (⚋). Al terminar los 6 lanzamientos, has construido una torre de 6 líneas, llamada hexagrama, que te da la lectura de tu situación actual. Cada combinación posible de 6 líneas tiene un significado.
—¿Acaso ignoras su significado? —inquirió Yao exhibiendo un rostro de auténtica sorpresa, en el cual se traslucía un chispazo de vaga satisfacción al saberse superior.
—Insinuaría que son minoría quienes dominan semejante materia —repuso Maomao con un leve gesto de fastidio, sintiendo cierto despecho ante la petulancia de su compañera.
—¿Conoces acaso esta clase de trazados?
Yao deslizó la yema del dedo sobre las tablas del suelo. Se alternaban maderas de tono claro y oscuro. La joven recorría únicamente las de tonalidad sombría.
—Los Ocho Trigramas se componen de líneas místicas, combinando tres líneas continuas o partidas. Cada una de estas líneas encarna la fuerza del Yin o el Yang, o bien la firmeza y la flexibilidad.
Maomao plegó las falanges para efectuar la cuenta mental. Al disponer de tres posiciones superpuestas que admitían dos variantes cada una, se obtenían un total de ocho figuras posibles en el sistema. De ahí la denominación clásica de los Ocho Trigramas.
Al fijarse con atención en el suelo, la boticaria advirtió que únicamente el centro exhibía una superficie de madera blanca. El área restante de la estancia se hallaba dividida en ocho diagramas perfectamente delimitados.
—¿La cómoda se ha caído porque estabas intentando desplazarla para examinar las tablas del pavimento que ocultaba?
—Sí... —admitió Yao, con cierto aire de turbación—. Sospechaba que ocultaba la disposición del Diagrama del Cielo Anterior.
NT: El Diagrama del Cielo Anterior es la forma de organizar los Ocho Trigramas en círculo para representar el universo perfecto, ideal y en absoluto equilibrio, tal y como era antes de que existieran el tiempo, el espacio y la materia.
Surgió de nuevo un término del todo incomprensible para Maomao. La boticaria abrigó la intención de pedir aclaraciones inmediatas, mas juzgando que la conversación se encallaría por completo, optó por aparentar que dominaba la materia para permitir el avance del diálogo.
—Comprendo. ¿Y esto te ha llevado a saber en qué lugar se hallan los libros que faltan?
—...
Yao guardó silencio. La joven era claramente incapaz de proseguir más allá en sus deducciones lógicas. No obstante, de haber sido su padre adoptivo Luomen quien había trazado el símbolo del Taijitu en la estancia con alguna intención oculta, no cabía duda de que existiría un indicio claro que permitiría dilucidar la incógnita.
De pronto, Maomao fijó la vista en los dos tomos. Ambas obras versaban sobre la estructura del cuerpo humano: una de ellas detallaba la anatomía de las manos y la otra, la de los pies.
—Yao... ¿Los Ocho Trigramas tienen un significado propio por sí solos?
—Abarcan nociones relativas a los elementos de la naturaleza, orientaciones geográficas, especies animales o miembros de la familia, entre otras tantas.
—¿Y algo en relación a la anatomía humana?
—¡Sí, también! —exclamó Yao, escudriñando el volumen con auténtico asombro.
—Si tenemos en cuenta los libros que faltan... el grupo correspondiente a la numeración «[1]-2» consta de ocho volúmenes en total.
—Ocho volúmenes... Presumiendo que dos de ellos correspondan a las manos y los pies, los seis restantes han de versar sobre la cabeza, la boca, los ojos, las piernas, los oídos y el abdomen.
NT: En la filosofía china y la Medicina Tradicional China (MTC) existe una correlación directa y anatómica con los ocho trigramas:
- El Cielo (☰) es la cabeza, la mente, el cerebro y el centro del pensamiento.
- La Tierra (☷) es el abdomen, la cavidad que procesa, nutre y sostiene la vida.
- El Fuego (☲) son los ojos y el sistema cardiovascular. Alude a la visión, la luz interna y la claridad mental.
- El Agua (☵) son las orejas y la zona lumbar o los riñones.
- El Trueno (☳) son los pies, la energía del movimiento, el paso firme hacia adelante y el impulso.
- El Viento (☴) son los muslos y las nalgas. Representa la flexibilidad, las articulaciones y el soporte del andar.
- La Montaña (☶) son las manos, los dedos, la capacidad de detener las cosas, de agarrar con firmeza y la quietud manual.
- El Lago (☱) es la boca y la lengua, vinculado directamente con el habla, la risa, la alimentación y la sonrisa o la alegría.
—Traigo conmigo las entregas restantes de la balda.
Enen, que era de ágil entendimiento, había descendido a la planta inferior de nuevo para subir los libros correspondientes al tomo del cuerpo humano. Al examinar detenidamente su contenido, las jóvenes verificaron al punto las previsiones de Yao.mano.
—Si nos atenemos a la lógica del Taijitu, no debería de faltar ninguna sección.
Y, sin embargo, la secuencia numérica revelaba un claro vacío. Maomao se situó en el centro de la estancia, sobre el espacio desprovisto de trazado correspondiente a los Trigramas, y elevó la mirada hacia lo alto del techo por pura inercia.
—La cubierta superior exhibe un vasto repertorio de figuras animales.
—Salta a la vista. Hay corceles, canes, faisanes... e incluso una representación que guarda semejanza con un dragón. ¿A quién de esta excéntrica estirpe le pareció bien incluir tal efigie en el mural?
—Efectivamente, emplear la figura del dragón constituye un desacato de gran gravedad —añadió Enen.
Valerse de los símbolos reservados a la estirpe imperial sin la debida autorización entrañaba en ocasiones severas púnicas, o la pena de muerte, incluso.
NT: En la antigua China, el dragón de cinco garras era un animal sagrado y exclusivo de la estirpe imperial. Estaba prohibido que los ciudadanos comunes usaran su imagen en pinturas o ropas. Usar o dibujar este símbolo sin permiso significaba un delito grave castigado con la muerte. El dragón de cinco garras estaba eservado de forma única para el Emperador; el dragón de cuatro garras, para príncipes y altos funcionarios de la corte; y el dragón de tres garras, para la nobleza menor o, tan solo en ciertos contextos muy limitados, se permitía al pueblo.
—Bien mirado... los dibujos del techo representan asimismo la simbología de los Ocho Trigramas —señaló Yao, entornando los ojos.
Aun cuando el inexorable paso del tiempo y la degradación del ambiente hubieran atenuado los pigmentos originales, los trazos resultaban legibles todavía.
NT: Los Ocho Trigramas también tienen una correlación directa con ocho animales, que ilustran su temperamento, su fuerza y su forma de moverse en la naturaleza:
- El Cielo (☰) es el caballo: fuerza incansable, velocidad, poder regio y capacidad de correr largas distancias sin rendirse.
- La Tierra (☷) es la vaca (o el buey): docilidad, resistencia, obediencia, el trabajo pesado y la capacidad de nutrir.
- El Trueno (☳) es el dragón: el único animal mitológico, la energía que despierta de la tierra, la tormenta eléctrica y el poder ascendente.
- El Viento (☴) es el gallo (o el ave): el sonido, la constancia (porque canta siempre a la misma hora) y la agilidad.
- El Agua (☵) es el cerdo (o el jabalí): instinto, adaptabilidad a terrenos difíciles y la fuerza oculta ante el peligro.
- El Fuego (☲) es el faisán: belleza visual, claridad y el calor del fuego.
- La Montaña (☶) es el perro: fidelidad, el rol de guardián, la quietud antes de ladrar y los límites o fronteras.
- El Lago (☱) es la oveja (o la cabra): alegría, vida comunitaria y la suavidad exterior que esconde una gran firmeza interna.
—Yao, en el centro de la cubierta superior diviso un corcel y dos ovejas. ¿Qué significado tienen?
—En el caso del corcel, corresponde al trigrama Qian, que representa el Sur en el Diagrama del Cielo Anterior, al patriarca en el ámbito familiar, a la cabeza en la anatomía humana, al elemento metal en la doctrina de los Cinco Elementos y al guarismo uno.
—¿Y a qué guarismo corresponde la oveja?
—En el caso de la oveja, equivale al dos o al ocho; pero, tratándose del Diagrama del Cielo Anterior, le corresponde únicamente el dos.
—Un uno y dos doses...
Maomao fijó la vista en los manuscritos. Cabría calificar de insólita la coincidencia: la numeración de la entrega ausente correspondía precisamente al código «[1]-2-II».
Maomao recobró la postura erguida de la cabeza y dirigió la mirada hacia el revestimiento mural. Las tablas claras y oscuras se hallaban dispuestas allí con una densidad notablemente superior a la del pavimento.
—Yao —llamó con sobriedad.
—¿Qué ocurre?
—¿A qué líneas corresponden los trigramas uno y dos?
Yao se desplazó por el suelo con agilidad.
—El uno equivale a este. Está compuesto por tres líneas continuas. El dos presenta una línea partida en la parte superior, con dos líneas continuas debajo.
Las figuras respondían a las representaciones clásicas «☰» y «☱». Maomao inspeccionó la superficie del muro con devota meticulosidad.
—¿Qué estás intentando descifrar en la madera? —inquirió Yao.
—La secuencia formada por el uno, el dos y el dos.
La proliferación de trazados similares amenazaba con fatigarle la vista. Por añadidura, el menor desvío de la mirada entrañaba el peligro de perder el hilo de las secciones que ya había examinado.
—En tal caso, yo me encargaré de ayudarte a buscar desde el extremo opuesto —se ofreció Yao.
—Yo voy a preparar un poco de té para daros ánimos —intervino Enen.
La sirvienta puso pies en polvorosa hacia la cocina. Maomao abrigó el impulso de ordenarle que aguardase, pero era consciente de que, de apartar la vista un solo instante, perdería la referencia. Aunque deseaba marcar la madera, no resultaba admisible trazar señales con el pincel en la pared de la residencia, de modo que la tarea se transformó en una penosa carga para la vista.
—...
—...
—...
Un silencio denso inundó la estancia. Las dos jóvenes escudriñaban cada tabla sin descanso. El trabajo se prolongó durante largos minutos.
En poco rato, Enen ya estaba ultimando los preparativos del té. El aroma tostado de los dulces evocaba una receta que Suiren le había transmitido a Maomao en el pasado. Tras haber enseñado a Enen su elaboración, la sirvienta tomó la iniciativa de prepararlos por mano propia.
A tenor de la abundancia de trazados, bien cabría esperar que la secuencia constituida por el uno, el dos y el dos se hallaría representada, pero no fue así. Tras la sucesión del uno y el dos, jamás seguía un segundo dos en ningún tramo.
«Tiene que estar. Lo encontraremos en cualquier momento...», se insistía Maomao en silencio. Justo cuando tal pensamiento acudió a su ánimo, tropezó levemente con Yao.
—¿Lo has encontrado? —preguntó la boticaria.
—No, no he tenido suerte.
—¡¿Cómo es posible?!
—¿Nos habrá pasado inadvertido?
Maomao contempló el muro guiñando los ojos por el agotamiento visual. Sentía el deber de verificarlo una vez más, pero la sola perspectiva le producía un profundo hastío.
—¿Queréis tomar un poco de té? —inquirió Enen, exhibiendo el refinado juego de vajilla.
—¡Sí! —las voces de Yao y Maomao se fundieron al unísono en un solo clamor de alivio.
Dado que la estancia carecía de mesa, dispusieron una alfombra sobre el pavimento para tomar la colación. Los dulces elaborados según la fórmula secreta de Suiren estaban exquisitos. En la residencia de las doncellas se acusaba la falta de pertrechos variados de cocina, de modo que no había más remedio que prepararlos al vapor. Sin embargo, aquí, Enen se tomó la molestia de tomar prestado un horno de la propiedad para cocinarlos según la receta original.
—¡Están riquísimos...!
Yao daba muestras de plena satisfacción con el manjar. Una vez concluida la pausa, la ardua labor de reexaminar el muro les esperaba de nuevo. De no hallar la combinación, la conjetura de Maomao resultaría fallida por entero.
—Es una lástima: tras el uno y el dos, el tercer número difiere siempre —se lamentó Yao.
—Así es. La cifra final nunca coincide con el patrón que buscamos. Ojalá encontráramos una sola coincidencia... —Maomao expresó su plena conformidad con la joven noble.
—En efecto. La alteración de un solo trazo basta para cambiar la cifra por entero. Si la firmeza se convirtiera en flexibilidad en ese preciso punto...
La firmeza representaba la línea continua; la flexibilidad, los dos trazos cortos. «Que la firmeza se transforme en flexibilidad...», elucubró Maomao. Fijó la vista en los Ocho Trigramas del pavimento. Al mudar el trazo superior de la firmeza en flexibilidad, en el trigrama «☰» se obtenía el trigrama «☱». Maomao se puso en pie de un salto y volvió a clavar la mirada en el muro, visiblemente agitada.
«¡Creo que estaba por aquí...!», observó la secuencia dispuesta en el orden: uno, dos y uno. Estaba completamente segura de que no existía otra combinación idéntica en toda la superficie. Posó la yema del dedo sobre el trazo superior del tercer elemento, el trigrama «☰», correspondiente al uno. Percibió un sutil matiz de extrañeza al contacto. Como una hendidura imperceptible.
Ejerció una firme presión con la yema del dedo justo en el centro de la línea continua. El tramo central se hundió con fluidez hacia el interior de la madera. «¡La firmeza se convierte en flexibilidad...!», exclamó para sus adentros con renovada fascinación. Al punto, resonó un chasquido sordo y un compartimento secreto emergió de la pared. Se trataba de un cajón oculto con astucia tras el revestimiento.
—¡¿Cómo es eso posible?! —exclamó Yao, abriendo los ojos de par en par.
—Ciertamente, resulta asombroso —añadió Enen, contemplando el cajón con viva curiosidad.
Maomao extrajo un tratado del interior del cajón con suma delicadeza. Era el «[1]-2-II», la entrega ausente. Su confección lucía de un acabado notablemente más rústico en comparación con las demás encuadernaciones. Los folios eran desiguales entre sí. El grosor también distaba de ser uniforme.
—¿Está hecho en pergamino? —inquirió Yao.
—Creo que sí, a juzgar por el tacto.
Maomao volvió la página con manifiesta curiosidad. Las letras no habían sido trazadas mediante el tradicional pincel de tinta, sino con útiles de escritura propios de las tierras del oeste. La mayor parte del contenido rehuía los caracteres habituales de Li. Prevalecía un abecedario en cursiva de la lengua occidental, jalonada de tarde en tarde por anotaciones marginales en lengua de Li a modo de aclaración o glosa.
«Data de la época de sus estudios en el extranjero...», colegió Maomao mientras pasaba un dedo tembloroso por encima de la fecha escrita en un pergamino. Luomen, su padre adoptivo, viajó en su mocedad a las distantes tierras del oeste para formarse. Fue durante aquella larga estancia cuando adquirió la excelencia de sus conocimientos médicos, una destreza muy superior a la del común de los sanadores de la corte imperial.
Aun cuando las nociones de Maomao sobre los caracteres occidentales resultaban rudimentarias, logró avanzar en la lectura con esfuerzo, sorteando los complejos vocablos que se le atragantaban... Todo iba bien hasta que su rostro comenzó a tornarse lívido.
—Maomao... —murmuró Enen, que exhibía asimismo un semblante henchido de profunda congoja.
—¿Qué ocurre? ¿Qué cuentan estas páginas?
Dado que únicamente Yao ignoraba la lengua occidental, el evidente desconcierto de ambas jóvenes la sumía en una manifiesta impaciencia. Maomao se vio paralizada e incapaz de pasar al folio siguiente.
—Dinos, ¿qué sucede?
Yao alargó el brazo hacia el ejemplar. La joven noble volvió la página en lugar de Maomao. En el reverso se hallaba plasmada la escalofriante efigie que Maomao y Enen tanto temían contemplar.
—¡¿Q-Qué significa esta abominación...?! —balbuceó Yao, completamente horrorizada.
Se trataba de un cuerpo humano dibujado con devota y perturbadora precisión. Si la ilustración se redujera a un esquema médico general, no habría ningún mal en ello; pero el trazado mostraba la piel desollada y la carne interior detallada con rigurosa minuciosidad.
—...
El silencio congeló el aire de la estancia. Yao apartó la mirada al instante con una mueca de hondo visaje. La ejecución del dibujo exhibía una crudeza de tan abrumador realismo que resultaba del todo imposible concebirla sin haber tenido el modelo, vivo o inerte, ante los ojos.
Maomao pasó al folio posterior con suma parsimonia. En él contemplaron un vientre humano desgarrado y la masa de vísceras custodiadas en su interior.
«Valiéndose de las atroces técnicas que aprendió en el oeste, mi padre adoptivo debió de hendir el vientre de la mismísima Emperatriz Viuda para alumbrar a su vástago...», concluyó con pesadumbre. Por esa razón Luomen no quería que ella lo viera jamás. Por eso había escondido el temible libro en la pared.
Haciendo el símil entre el contenido del libro y la realidad del palacio imperial, dedujo que Luomen había traído al mundo el hijo de la pretérita Emperatriz extrayéndolo mediante una incisión abdominal. Se trataba de una intervención desesperada destinada a salvar únicamente la vida del engendro en los trances de un parto donde peligraba la existencia de ambos. Sin embargo, Luomen logró preservar la vida de la madre y del sucesor por igual. Y la boticaria sabía bien que semejante proeza médica no se alcanzaba mediante el mero estudio teórico. A buen seguro, el médico debió de hendir los vientres de multitud de cuerpos humanos en el pasado.
Por añadidura... A modo de aprendizaje anatómico, debió de haber cercenado y diseccionado un sinfín de despojos humanos. He ahí la verdadera razón por la cual su padre adoptivo rehusaba tajantemente que Maomao se aproximara a los cadáveres. He ahí el motivo por el cual la instó con vehemencia a profesar como boticaria en lugar de abrazar la medicina quirúrgica. «Ahora lo entiendo todo...», se dijo Maomao, sellando sus ojos despacio mientras cerraba el tosco ejemplar.
No pretendía juzgar las acciones de su padre adoptivo. En el riguroso ejercicio del arte curativo, el dominio profundo de la anatomía humana constituía una necesidad elemental. Por esa misma razón, la propia Maomao ejecutaba constantes experimentos de venenos en su propia carne.
Sin embargo, la reacción del común de los mortales distaría mucho de ser comprensiva. La gente común se acomodaría al pavor que exhibía Yao en ese momento. Esta misma, cubriéndose la boca con la mano temblorosa, clavó una mirada cargada de pura aversión en el rústico manuscrito.
Maomao ignoraba el sentir y las costumbres imperantes en las tierras del oeste. No obstante, para los habitantes tradicionales del Imperio de Li, el contenido de semejante tratado resultaría del todo inaceptable y demoníaco. Existían sacrilegios vedados por la fe ancestral, y la materia de aquel libro vulneraba todo precepto sagrado sobre el respeto a los difuntos.
Maomao examinó con detenimiento la solapa posterior del libro que acababan de encontrar.
La palabra «Witchcraft» figuraba escrita allí en una caligrafía cursiva y descuidada. Más allá del significado lingüístico exacto de dicha voz extranjera, la boticaria comprendió de inmediato la razón fundamental por la cual su padre adoptivo mantuvo el ejemplar celosamente oculto en las entrañas del muro. De ver la luz, la obra sería reducida a cenizas por tratarse de una composición de brujería prohibida, un volumen blasfemo cuya sola existencia resultaba inadmisible.
NT: El término «witchcraft» figura en inglés en el texto original. En español, significa brujería. En este contexto, no implica necesariamente que la sociedad de la China Imperial considerara la cesárea un hechizo místico. Se refiere, más bien a que, como se explica en la trama, abrir el abdomen de una mujer en vida se consideraba una práctica aberrante y terminantemente prohibida.
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