06/04/2026

Los diarios de la boticaria 7 - 13




Webnovel original en japonés por: 日向夏 (Natsu Hyūga)
Los diarios de la boticaria
Volumen 7



Traducido por: Xeniaxen


Capítulo 13
La historia de Enen

Una de las consortes de alto rango iba a ser elevada al cargo de Emperatriz. Aunque, de cara a la opinión pública, la Emperatriz Gyokujou ya ejercía las funciones propias de tal título, resultaba imperativo sancionar su estatus de forma inequívoca ante la corte y el pueblo.

En el arte de la estrategia bélica, cuanta más abrumadora es la disparidad de fuerzas, menores son los estragos colaterales. Si dos consortes de idéntica jerarquía alumbraran a un varón en fechas próximas, el palacio interior se vería anegado por una lluvia de sangre debida a las intrigas sucesorias. Por ello, el nombramiento de Gyokujou como esposa principal se había formalizado antes de que la consorte Lihua, quien ostentaba su misma dignidad, diera a luz.

El linaje de Lihua era, ciertamente, digno de una soberana. No obstante, existieron razones de peso por las que no fue designada esposa principal cuando dio a luz a un niño anteriormente. Por un lado, la incertidumbre sobre la longevidad del infante y, por otro, una cuestión de estirpe que trascendía su persona.

El actual soberano tendía a evitar los enlaces consanguíneos. Prevalecía la convicción de que, durante el mandato del anterior monarca, el linaje imperial se debilitó debido a una endogamia recurrente, lo que provocó que los infantes carecieran de genes fuertes y sucumbieran ante las mismas epidemias. Que la consorte Lihua, aun poseyendo las virtudes necesarias para ser la madre del heredero, se viera privada de tal honor, era una circunstancia ajena a su propia valía. Y si hubiera que aducir una motivación adicional...

De ahora en adelante, resultaba vital cultivar una relación armoniosa con el clan de la Emperatriz Gyokujou, dadas sus influyentes conexiones con las naciones extranjeras.

Fuera como fuere, en este instante la Emperatriz Gyokujou se antojaba una figura que habitaba por encima de las nubes, en la cúspide del poder. Resultaba natural que quien la contemplara por vez primera se sintiera intimidado por su aura, y tal fue el caso de las presentes.

—¡Jo, jo, jo! Espero que os gusten estos dulces.

La dueña de aquella voz melodiosa que Maomao no escuchaba desde hacía tiempo había dispuesto una colación de dulces cuya carga de azúcar era comedida. Quien los servía era una doncella que se esforzaba por parecer eficiente; no obstante, tras el brillo de sus pupilas se adivinaba a la Yinghua de siempre, ávida de cotilleos. Al parecer, esta alegre dama de compañía persistía en su trato familiar a pesar de que sus caminos no se hubieran cruzado desde hacía más de seis meses. Por infortunio, la dama de compañía principal, Hongnyang, las vigilaba con celo, por lo que no hubo oportunidad de entablar conversación; sin embargo, la severa supervisora no tardó en alejarse para atender otros deberes.

—¿Puedo coger uno?

A diferencia de Maomao, que conservaba su inveterado aplomo, Yao, sentada a su lado, se hallaba rígida como un carámbano. Enen mantenía su máscara de impasibilidad, por lo que sus pensamientos resultaban indescifrables, mas las miradas furtivas que dirigía a Yao delataban una velada preocupación.

Cuando el grupo de ayudantes de la oficina médica comenzó a habituarse a las inspecciones de las consortes, se les concedió finalmente el privilegio de escoltar al facultativo en su visita a la Emperatriz Gyokujou.

Seguramente la propia Gyokujou había aguardado este encuentro con impaciencia. No en vano fue ella una de las principales valedoras que instaron a Maomao a concurrir al examen de dama de la corte adscrita a medicina. Ahora que la boticaria se hallaba ante ella, la soberana no podía sino interpretar la visita como uno de sus escasos y preciados momentos de asueto. De hecho, lo que estaba aconteciendo se asemejaba más a una distendida merienda que a un acto protocolario.

—Es... Esto... ¿Dónde está el doctor Kan? —inquirió Yao a Yinghua, refiriéndose al padre adoptivo de Maomao.

—Ahora mismo está examinando al Príncipe Heredero. Ya que estábamos, se ha decidido que también examine a la princesa Lingli y al resto de doncellas. Dado que no hay tareas urgentes que requieran de vuestra intervención, la señora Gyokujou ha sugerido que disfrutemos de un té.

Si Hongnyang se había retirado era, sin duda, para supervisar tales reconocimientos médicos.

La princesa Lingli había experimentado un crecimiento asombroso. Aquella niña que apenas gateaba en el pasado salió al encuentro de los invitados en cuanto tuvo noticia de su llegada, movida por una curiosidad irrefrenable. Al parecer, había heredado el carácter vivaz y travieso de la Emperatriz Gyokujou. Por desgracia, no parecía guardar memoria de Maomao, pero como consideraba a todo visitante un potencial compañero de juegos, permaneció pegada a ellas en todo momento. Al final, Hongnyang se vio obligada a retirarla de la estancia, y la niña partió con un semblante de manifiesta disconformidad.

«Puras formalidades», reflexionó Maomao. Toda aquella puesta en escena —el té, la presencia de las ayudantes y la aparente normalidad— no era sino una etiqueta necesaria para justificar su presencia allí. En el palacio interior, nada era casual: incluso una merienda servía para ocultar el verdadero propósito de la visita o para permitir que la Emperatriz conversara con su antigua dama de compañía sin levantar las sospechas de las facciones rivales, manteniendo así las apariencias que el protocolo exigía.

Sentada frente a ellas, las pupilas de la Emperatriz Gyokujou centelleaban, delatando un ansia manifiesta por escuchar algún relato digno de interés. «Pues yo no traigo ninguna anécdota...», reflexionó Maomao con desapego. Yinghua, por su parte, se había acomodado en el círculo con absoluta naturalidad, despojándose de las rigideces del protocolo.

—Chicas, me complace deleitarme escuchando historias amenas de vez en cuando; ¿no dispondréis de alguna que compartir?

«¡Toma petición imposible!», exclamó la boticaria para sus adentros. Si poseyera la facultad de hilvanar un relato divertido de forma tan imprevista, nadie osaría afirmar que le resulta arduo expresarse. Por infortunio, su temperamento distaba mucho de los que se valen de la elocuencia para cautivar al oyente. Sin embargo, para estupefacción de las presentes, alguien alzó la mano con determinación. No fue otra que Enen.

—N-No sé si será de vuestro agrado...

—¿Ah, sí? ¿Tienes algo? ¿De verdad? —se interesó la Emperatriz con entusiasmo.

—Es la historia de un incidente que ocurrió hace tiempo. ¿Le parece bien?

—¡Oh, por supuesto! ¡Me encantan ese tipo de relatos!

Gyokujou rebosaba una curiosidad casi infantil. Así pues, rompiendo con su habitual mutismo, Enen comenzó a declamar la historia con una fluidez inesperada.



● ● ●



Hace tiempo, en cierto lugar, se celebró un duelo culinario entre dos maestros de los fogones. Ambos contendientes ponían en liza mucho más que su mero honor: se disputaban la codiciada plaza de jefe de cocina en una mansión de gran linaje. Uno de ellos era un cocinero que moraba en aquella demarcación desde tiempos inmemoriales; el otro, un forastero que acababa de llegar desde tierras lejanas.

Los platos designados para la competencia eran los favoritos del señor de la casa: un guiso a base de huevo y, de postre, tangyuan. (NT: Plato dulce tradicional chino hecho de harina de arroz glutinoso, consistente en bolitas, con o sin relleno, servidas en un caldo caliente. Se consumen popularmente durante el Año Nuevo Chino, simbolizando la unión familiar, la armonía y la felicidad, debido a su forma redonda.) Ambos profesionales albergaban una confianza ciega en su propia destreza, por lo que, pese a tratarse de elaboraciones en apariencia sencillas, consagraron todo su ingenio a la tarea.

Se esperaba que ambas propuestas alcanzarían tal grado de excelencia que la elección resultaría compleja hasta para el paladar más refinado. No obstante, el cocinero forastero no halló el éxito esperado. El plato de huevo resultó en un fracaso de tal magnitud que constituía una afrenta presentarlo ante el señor de la mansión. Pese al infortunio, realizó el esfuerzo de servir al menos el tangyuan, mas, tras la primera degustación, el señor montó en cólera y decretó que el cocinero debía ser ajusticiado de inmediato por su insolencia.

El infortunado cocinero no lograba discernir la causa de su desgracia. Únicamente había empleado los ingredientes que habían sido dispuestos; los mismos que su contrincante había utilizado con éxito. ¿Cuál era la razón para que mediara tal abismo entre los resultados de ambos platos?



● ● ●



«Más que una historia amena...», a Maomao aquello le resonó con la cadencia de un acertijo intelectual. Al observar a Enen, advirtió en ella un aire de sutil desafío, como si estuviera sometiendo a las presentes a un examen de su capacidad deductiva.

—¿Se le ocurre a alguien el motivo por el cual fracasó el cocinero?

Enen dirigió una mirada fugaz y significativa a Maomao. A estas alturas, la boticaria ya conocía perfectamente la naturaleza de aquel juego de ingenio.

—¿No sería, simplemente, que no era tan buen cocinero y cometió algún error sin darse cuenta? —intervino Yinghua—. Has mencionado que era un chico joven, ¿verdad?

—En efecto. Pero era un profesional de primer nivel, y por eso mismo lo hicieron llamar desde tierras lejanas —añadió Enen a modo de aclaración para descartar la impericia como causa del fallo.

Yao, su señora, permanecía en un silencio sepulcral, observando con un semblante de solemne concentración el leve ondular de la infusión de té en su taza de fina porcelana.

«Un fracaso culinario de tal magnitud que ni siquiera se consideraba digno de ser servido... Debió de salirle algo verdaderamente espantoso», sopesó Maomao. Si los tangyuan resultaban tan deplorables que el señor montó en cólera tras la primera degustación... ¿Se habría equivocado con la sal y el azúcar, quizá? ¿Padecería el cocinero algún trastorno del gusto que alterase su percepción de los sabores? No, no parecía una hipótesis sólida. Si debía inclinar su razonamiento hacia una causa técnica...

—Tengo un par de preguntas —anunció Maomao, alzando la mano para solicitar la palabra.

—Dime.

—¿Qué tipo de agua se consumía principalmente en esa región?

—¿Es que el agua no es igual en todas partes? —preguntó Yinghua con extrañeza.

Ante la ingenua respuesta de la doncella, Enen negó con la cabeza antes de que Maomao pudiera intervenir.

—Era un lugar donde el agua dulce escaseaba, por lo que era habitual que el agua que el agua no destinada al consumo directo tuviera cierta salinidad. De por sí era agua dura y, al ser una zona de producción de sal gema, solía estar mezclada con sedimentos.

—Es decir, que al hervir los tangyuan, el cocinero forastero, que desconocía las propiedades del agua local, usó agua salada sin saberlo —concluyó Maomao.

Enen asintió pausadamente ante la deducción de la boticaria. Yinghua también dio una palmada, convencida por la explicación. Sin embargo, la Emperatriz Gyokujou ladeó la cabeza con una curiosidad genuina.

—Dime, ¿acaso no se pueden hervir los tangyuan en agua salada?

Maomao procedió a ilustrar a la soberana:

—Los tangyuan se retiran del fuego en el instante preciso en que el calor alcanza su centro; una vez cocidos, adquieren una flotabilidad natural en el agua.

No obstante, la presencia de sal altera el proceso. La densidad del agua salada se incrementa notablemente. Si se hierven los dulces en un caldo más pesado y denso, estos flotan por empuje antes de que el calor haya logrado cocinar el interior de la masa.

—¿Quieres decir que los dulces estaban crudos?

—Así es.

Como Enen persistía en su silencioso asentimiento, Maomao dio la respuesta por válida. Yinghua, que ocasionalmente desempeñaba labores culinarias en el Pabellón de Jade, pareció asimilar el concepto de inmediato tras comprender las implicaciones del agua salada.

—¿Y qué pasa con la elaboración a base de huevo? Eso no tiene que ver con el agua salada, ¿no? —insistió Yinghua, volviendo a ladear la cabeza.

—Si supiéramos qué plato era y de qué ingredientes disponía el cocinero, también podríamos deducirlo.

—Entonces, ¿qué crees que cocinó y qué ingredientes crees que le entregaron?

Maomao respondió al desafío de Enen con seguridad:

—Supongo que utilizó maitake para preparar un huevo al vapor. La textura crujiente del maitake es deliciosa, así que, para aprovecharla, debió de cocerlo al vapor sin aplicar un calor excesivo. El maitake crudo posee una enzima que tiene la propiedad de degradar y ablandar la carne; en este caso, dicha sustancia impidió que el huevo cuajara adecuadamente.

(NT: Tipo de seta comestible y medicinal originaria de Asia. Forma grandes grupos en tocones y raíces de árboles. Tiene propiedades para estimular el sistema inmunológico, regular los niveles de azúcar en sangre, reducir el colesterol y mejorar la salud cardiovascular.)

El maitake era un ingrediente de lujo en determinadas regiones. El huevo era, por supuesto, un alimento de alto valor nutricional, pero para un certamen culinario se requería un ingrediente estelar que confiriera distinción al conjunto.

Existen determinados alimentos capaces de descomponer las proteínas que mantienen la estructura de la carne o, en este caso, la firmeza del huevo al cocinarse. Muchas frutas poseen este efecto y se emplean frecuentemente en cocina junto a la carne para que las fibras se rompan y la pieza resulte mucho más tierna y fácil de masticar. En el caso del huevo, se destruyó la red de proteínas que debería solidificarse con el calor, dejando el plato en un estado líquido y desagradable.

—¡Vaya, no lo sabía! —exclamó Yinghua con los ojos brillantes por haber aprendido algo interesante.

—Es correcto.

Enen arqueó levemente una ceja al confirmar la solución. Pese a mantener su máscara de impasibilidad, transmitía la impresión de que le había incomodado sutilmente que Maomao resolviera el enigma con tanta facilidad.

La joven se había mostrado inusualmente locuaz para lo que era su costumbre; por el contrario, Yao había permanecido en un mutismo absoluto durante toda la velada. Persistía en mantener la mirada baja, con un aire de manifiesta timidez y apocamiento.

—¿Ah, sí? ¿Y qué fue de aquel cocinero? —preguntó la Emperatriz.

—No se preocupe. Otra persona lo ayudó. No pudo ser el jefe de cocina de aquella mansión, pero terminó prestando sus servicios en otro hogar de alcurnia. Hubo alguien que manifestó su deseo de degustar aquel huevo al vapor preparado con la técnica correcta. Por fortuna, se trataba de la hija de una familia que mantenía vínculos con el dueño de la mansión original.

—¡Qué bien! Me alegro por él —declaró la Emperatriz con una sonrisa radiante.

A pesar de no tratarse exactamente del tipo de relato jocoso que aguardaba, parecía haber disfrutado con la narración del enigma.

—Sí. Resulta que aquel cocinero tenía una hermana menor de muy corta edad y, gracias a la intercesión de esa señorita, no se vieron abocados a la indigencia.

Enen esbozó una sonrisa. «¡Vaya! ¡Pero si sabe sonreír con total naturalidad!», se dijo Maomao. Aquella sonrisa serena y cálida iba dirigida específicamente a una Yao que parecía abrumada por la vergüenza. «Oh. Ya veo de qué va esto», se percató la boticaria. Creyó entender que Enen había relatado esa historia precisamente porque narraba el origen de su propio vínculo con Yao. No obstante, consideró que lo más diplomático por su parte sería guardar silencio y simular que no había advertido el trasfondo personal del relato.

(NT: Esto explica varios puntos clave de la relación entre Yao y Enen. El cocinero forastero era el hermano de Enen. Al fracasar en el duelo, fue la intervención de Yao, que es la hija de la familia influyente mencionada en el relato, la que los salvó de la ruina. Yao no solo pidió probar el plato bien hecho, mostrando una curiosidad y bondad impropias de su estatus, sino que permitió que ambos encontraran refugio y trabajo en su casa. Por eso, Enen actúa ahora como protectora de Yao porque, en su mente, es su turno de cuidar a la persona que un día la ayudó. Maomao comprende que esa sonrisa final de Enen es una muestra de la gratitud eterna que siente.)



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